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Por Néstor Ojeda 

Un total de 19 encuestas daban a Ricardo Monreal, delegado en Cuauhtémoc, como el dueño de todas las preferencias para ser candidato del Movimiento Regeneración Nacional a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México y casi seguro ganador de la elección constitucional de 2018. Sin embargo, en un proceso interno desaseado y oscuro, la postulación le fue arrebatada, lo que lo pone en el escenario de una inminente ruptura pública con Andrés Manuel López Obrador y su partido.
El ex gobernador de Zacatecas difundió ayer un video en Facebook en el cual, a pesar del cuidado en su discurso, fija las líneas claras de una salida de Morena al decir que sólo tiene un Plan A, un destino, y reiterar que rechazó un escaño en el Senado como premio de consolación ante la imposición de López Obrador.
Así las cosas, el panorama rumbo a la elección de 2018 se vuelve repentinamente complicado para Andrés Manuel, porque la resolución de la elección se vuelve incierta a partir del hecho de que sacar a Monreal de la jugada le quita a Morena y a El Peje la certeza de ganar con un amplio margen de votos la Jefatura de Gobierno en la capital con el natural impacto en la votación presidencial.
En estos instantes, Monreal debe ser un apetitoso bocado para los que pretenden construir una alianza entre los partidos de la Revolución Democrática y Acción Nacional en la Ciudad de México y a nivel nacional, porque una eventual postulación del ex gobernador de Zacatecas a la Jefatura de Gobierno representaría quitarle a López Obrador la garantía de que la capital le daría el triunfo en la elección presidencial.
Hoy por hoy, ante la delantera relativa que tiene en las encuestas AMLO al concentrar el tercio mayor de las preferencias electorales, la estrategia correcta desde cualquier frente sería quitarle la ventaja en su mayor reserva de votos, que en este caso sería la Ciudad de México, para lo cual, sin duda, sería estratégico impulsar a Monreal como un candidato producto de la alianza más amplia posible en la capital.
Pero no sólo eso; fue Monreal el operador político que impulsó el avance de Morena en los municipios de Ecatepec, Tultitlán y territorios anexos que hizo posible que Morena como partido en la individual tuviera la mayor votación en la elección pasada del Estado de México y cuyo triunfo sólo pudo ser detenido ante la revelación en los medios de la corrupción que caracterizó a su gobierno y al de su padrino Higinio Martínez y a la coalición con el Partido Verde y Nueva Alianza que llevaron a Alfredo del Mazo a la gubernatura del Estado de México.
Lo que se ve es que una vez más AMLO se demuestra a sí mismo y al mundo que el peor enemigo de López Obrador no es la llamada mafia del poder, sino su megalomaníaca forma de ejercerlo.

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