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Por: Manuel Narváez Narváez

Monumental intromisión en nuestra política interna del director de BBVA Bancomer, Francisco González, que vino a México para anunciar la aportación de 10 millones de dólares en apoyo para la reconstrucción de escuelas afectadas por el terremoto del 19-S.
´México está en riesgo de regresar al pasado si se elige a un populista en el 2018´, alertó el ibérico. Más aun, recomendó: si México elige a un presidente con conocimiento, con una visión realista de lo que es el país y el mundo, se va a tener un avance enorme. De lo contrario, remató: si gana una persona con visión del pasado, “muy populista”, pensando prometer cosas que no cumpla, sería una vuelta atrás.
Ese petatito del muerto ya está muy roído, señor González (pronunciado con acento característico de la progenitora patria). No se crea eso de que en el nuevo mundo todavía andamos con taparrabos y vemos a Cortés como la encarnación de Quetzalcóatl.
El hecho de que venga el dueño del banco más lucrativo en México a donar una pasta, que comparada con los casi diez mil millones de dólares de ganancias que se ha embolsado en los últimos tres años, lo que resulta una verdadera mentada de madre, no significa que debamos seguir sus consejos. Como diría un sabio, sé es banquero o samaritano, pero jamás las dos cosas.
Paco, el ibérico, está muy mal informado o quiere quedar bien con los que le han dejado abierto el corral para que se surta de ovejas. En México los populistas han gobernado intermitentemente los últimos 75 años; 87 en el Edomex. Además, son descendientes de la Malinche y reparten tarjetas rosas, despensas, estufas, refrigeradores, láminas y un sinfín de souvenirs electorales a cambio del voto.
Y sí, comparto la preocupación de no votar, como lo infiere el banquero, por aquellos que prometen y no cumplen. Por estas tierras americanas, concretamente en lo que antes fue la nueva España, la demagogia ha sido tan rentable como las tasas de interés y comisiones que Bancomer aplica en México, aunque poco de esas utilidades se inviertan en territorio azteca.
Desmenuzo la tapa del tlatoani en turno. Éste prometió bajar los precios del gas y la gasolina una vez aprobada la reforma energética; esa que gente encumbrada y ajena a la patria como el socio principal de BBVA, elogian, empujan y celebran. Dos años después de entrar en vigor la reforma, México importa la mayor parte del gas y la gasolina que consumimos y la pagamos a precios muy por encima de lo que se paga en otros países con reservas y producción como la nuestra.
Embriagado como si anduviera por la Rambla y botella en mano de la Rioja, el candidato favorito 2012 notario más de 260 promesas durante su campaña. No ha cumplido ni el 40%. Sobresalen: Crear el Sistema Nacional Anticorrupción; Reajustar la estrategia de seguridad; Erradicar la pobreza alimentaria; Implementar un seguro de riesgos de trabajo y el seguro de desempleo; Pensión universal para los adultos mayores; Modernizar Pemex y Seguro de desempleo temporal.
Con todo y que el presidente de México proviene del grupo político-económico más rentable en la historia del país después de Santa-Anna y, contar con una visión realista de Estado y del mundo, estos cinco años han resultado lo más trágicos en materia de seguridad. Esa máxima propagandística de atrapar a 115 objetivos criminales sin soltar un solo tiro, solo quedó en un sueño guajiro como el de crear un país Vasco.
De la promesa anticorrupción, no está enterado el magnate gallego que ésta ha escalado a niveles nunca antes visto por estas tierras. Vaya, es tan descomunal que el saqueo de los metales precisos a manos de mercenarios ibéricos que en nombre de la corona española y de los reyes católicos perpetraron durante el virreinato y todavía a través de Bancomer en perjuicio de nuestra nación, se queda corta.
Más allá de tratar de inmiscuirse en la política interna de México, Francisco González Rodríguez debería preocuparse por los terribles actos de corrupción cometidos por los altos jerarcas del Partido Popular y de la casa de los Borbón.
El dueño de Bancomer tiene que enfocarse mejor en la disminución de la brutal deuda española y de no permitir la desintegración de su país a manos de los catalanes. De los asuntos domésticos de este país nos encargamos los mexicanos, que bastante grandecitos estamos para decidir lo que más nos convenga en las elecciones presidenciales del 2018.
Los chistes gallegos solo sirven para reírnos y relajarnos.
P.D. En el norte de México, un verdadero populista desdeña sus propias promesas y destroza los sueños de todo un pueblo. En tan solo un año.

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