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Después de 33 años de militar en Acción Nacional, Margarita Zavala anunció la separación de su partido. Por supuesto, después de tanto tiempo pintándose de azul, no se iba a ir callada y plácidamente; con un par de tuits, videos y declaraciones convirtió al otrora niño maravilla Ricardo Anaya en un vulgar político egoísta que no piensa más que en él.
En el video en el que informó sobre su separación, comentó que “hizo todo lo que estuvo en sus manos” para lograr salvar ese matrimonio, pidió reglas claras en público y en privado, por escrito y en video. Sin embargo, la respuesta fue siempre una evasiva (¿cómo pudiste Ricardo, cómo pudiste?). También señaló que el líder del blanquiazul puso condiciones antidemocráticas en la familia que tanto habían criticado de los vecinos de enfrente. Le recordó que en ese partido había crecido, que había pasado la mayor parte de su vida. Nada de eso fue suficiente.
Por su parte, Anaya transformó tres décadas de militancia en un video de poco más de un minuto, en el que le dedicó los primeros 25 segundos a ella porque el resto fue propaganda contra el PRI. Sólo dijo que la decisión que tomó Margarita Zavala era un error que beneficiaba a otros.
La historia por supuesto no terminará ahí, como todos los divorcios en los que no hubo común acuerdo, habrá una batalla con pronóstico reservado.
El líder panista podrá acusar a Zavala de abandono de hogar y ella que ya había denunciado a Anaya por maltrato y violencia política intrafamiliar. Incluso, el abuso sicológico fue tan grande que ¡durante dos años buscó el diálogo sin encontrarlo! Además, por supuesto, de quererse quedar con lo que juntos, con el resto de la familia, construyeron. A pesar de esto, ella dice que se va sin rencor. Aunque la venganza se sirve fría y es más rica en periodos electorales.
Hubo varias voces que pidieron que la “ropa sucia se lavara en casa”, como Diego Fernández de Cevallos, quien llamó a la unidad, el entendimiento, el respeto, la apertura y la civilidad por el fin de la familia y las criaturas, pero la ruptura era inminente.
¿Qué sigue? Seguramente los panistas, todos mayores de edad, tendrán que elegir entre si irse con Ricardo o con Margarita. Incluso algunos de ellos ya dijeron que no abandonarían el lecho familiar, que se quedarían a hacerle pagar al padre desobligado sus pecados. Lo que será más o menos como si le dejaran al esposo a la suegra para que lo vigile.
Por supuesto, aquí el que más pierde es el PAN. Lo hace en un mal momento, además, justo cuando vienen las elecciones. Sin embargo, basta recordar que en todas las familias o institutos políticos sucede lo mismo. Los procesos de elección de candidatos se convierten en divorcios sonados de aquellos que se sintieron traicionados. Los procesos electorales son la mayor prueba de amor entre militantes y dirigentes.
Debe reconocerse, sin embargo, que el PAN perdió una de sus figuras más emblemáticas y que ahora Acción Nacional se queda como una Coca-Cola sin gas, como McDonald’s sin sus arcos dorados, el Ferrari sin su caballo rampante, Bimbo sin su osito o lo que es peor, ¡como Frida sin sus doggles!
Margarita tampoco la tiene fácil, deberá crear una familia de más de 866 mil 500 miembros en los próximos meses si quiere conseguir su registro como candidata independiente a la Presidencia, o acepta vivir en unión libre con algún otro partido, sólo por las elecciones. Que sea una de las figuras mejor posicionadas en la opinión pública podría no ser suficiente, requiere la infraestructura del partido recién abandonado.

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