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Por Jaime Arizmendi

¿Independientes, de quién?… Con las renuncias al PAN de Margarita Zavala y José Luis Luege, haya o no muchos más panistas que dejen de serlo, a Ricardo Anaya se le abre un boquete en el partido. Al mismo tiempo, aumentan los aspirantes “independientes” listos a salir en pos de alguna posición gubernamental o legislativa; aunque todos deben tener muy claro que muy pocos la alcanzarán.
Tan solo para ir por la Presidencia de la República son más de 20 quienes han dicho esta boca es mía. Y si consideramos que en nueve entidades del país se renovará el mando estatal; que se elegirán a los 128 próximos ocupantes de un escaño y los 500 para una curul; aparte de los congresos estatales y los ayuntamientos; obvio, el 2018 miles querrán conseguir votos.
Entre los requisitos que deben cubrir los “independientes” que sueñan con llegar a Los Pinos está el obtener la firma de 866 mil 593 ciudadanos con posibilidad de votar en por lo menos 16 entidades. De cumplirlo (ojalá lo hagan sin trampas y presenten firmas de personas vivas; aunque hay quienes presumen que eso ya lo tienen resuelto); el INE les regalará 33 millones 611 mil 208 pesos.
Pero bien vale anotar que casi todos esos ciudadanos han militado en uno o varios partidos políticos, por lo que su llamada “independencia” y su continuo despotricar contra “la clase política”, carece de verdadero sentido.
Sean empresarios, exdirigentes sindicales, jubilados, desempleados, expulsados o desterrados de algún partido político, gente con o sin profesión; de una u otra manera muchos de ellos han sabido vivir, y los hay que viven bien, del erario. Bastaría revisar su trayectoria laboral, sus empleos, y hasta sus declaraciones fiscales y compararlas con sus cuentas bancarias.
Ahora se dicen dispuestos a sacrificarse por el pueblo, pero quiénes de ellas y ellos pueden decir que tras el sismo pasado se pusieron chaleco, botas, guantes, cubreboca y anduvieron hombro-con-hombro entre la gente removiendo escombros en busca de salvar vidas, o de cuando menos rescatar cuerpos inertes de víctimas.
Como todos lo sabemos, los sismos del 7 y del 19 de septiembre último, no sólo causaron serios daños en la Ciudad de México, también dejaron a mucha gente sin vivienda, sin techo, sin más nada que lo que traían puesto, en las calles de un centenar de municipios de Oaxaca, de Chiapas, de Morelos, Puebla, el Estado de México; y a los dirigentes partidistas nadie los vio apoyando a los rescatistas.
Cierto, tampoco nadie vio a los legisladores en funciones; pero habría que saber si ellas y ellos, los “independientes”, sí dispusieron cuando menos que sus choferes o empleados se dieran a la tarea de andar en sus automóviles de lujo, o en las camionetas a su servicio, en la repartición de víveres y enseres para ayudar a los miles de hombres y mujeres que sí se enfundaron en ropa de calle y salieron en busca de edificios colapsados.
Por supuesto, ninguno de esos aspirantes “independientes” a la Presidencia en 2018, son quienes usan transporte público. Posiblemente ni siquiera pagan sus impuestos, mucho menos saben lo que es vivir con uno o dos salarios mínimos al mes; ni saben lo que es llegar al grado de la desesperación por no tener un ingreso suficiente para que sus hijos puedan estudiar alguna carrera universitaria.
Mientras que sus vástagos, los de los “ciudadanos independientes”, sí van a “escuelas de paga” hasta la secundaria, o cuando mucho al bachillerato; para, seguramente después de concluir ese nivel educativo, salir del país a estudiar algún diplomado, seguida de una maestría y alcanzar un doctorado en Harvard, Yale, la London School of Economics and Political Science…
Es verdad, a la creciente lista de hombres y mujeres que suspiran por conseguir la candidatura “independiente” a la Presidencia de la República para el 2018, aunque tengan respetables y válidas intensiones de llegar a gobernar un nuevo país, donde habitamos más de 123 millones de mexicanos, ni los brujos de Catemateco, ni juntos todos los chamanes huicholes o de Oaxaca los ayudarán a ganar la elección. La principal del tercer milenio…

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