LOS FLOREROS DE LA 4T

Por Helga Kauffman

En el entorno del presidente Andrés Manuel López Obrador hay dos personas que destacan por su pasividad. La primera es la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero; la otra, sin lugar a dudas, es Rosario Piedra Ibarra, titular de la Comisión de los Derechos Humanos.
En un trance como el que estamos inmersos, donde la violencia se ha detonado en pleno proceso electoral, el “florero de Gobernación” declara de cuando en cuando, aunque sea para desmentir que vaya a ser dada de baja; pero al “florero de la CNDH”, no se le ve por ningún lado.
Y esta arenga tiene razón de ser, ya que el Quinto Informe de Violencia Política en México, dado a conocer por la consultoría Etellekt, evidenció que del 7 de septiembre de 2020 al 30 de mayo de 2021 hubo 782 agresiones contra políticos y candidatos, lo que supera las 774 agresiones del proceso electoral 2017-2018.
Huelga señalar que en este ambiente enrarecido, 89 políticos perdieron la vida en atentados durante este proceso, 35 de ellos eran aspirantes a puestos de elección popular y, del total de fallecidos, 14 eran mujeres.
Con esto se confirma que este es el segundo proceso electoral con más homicidios dolosos. El primero fue el de 2017-2018, periodo en el que fueron asesinados 152 políticos.
El 75% de los políticos y candidatos agredidos eran opositores a los gobiernos de los estados en que fueron atacados. De las 782 agresiones, 117 fueron en contra de veracruzanos.
Los estados con más violencia: Veracruz, Oaxaca, Puebla, Estado de México, Michoacán, Guerrero, San Luis Potosí, Chiapas, Guanajuato, Jalisco, Ciudad de México y Quintana Roo, en ese orden, de acuerdo con la consultoría.
Pero hay más. Fueron asesinaron 11 colaboradores de políticos, 35 familiares de políticos y 99 servidores públicos de los tres niveles de gobierno y de los tres Poderes de la Unión.
A días de los comicios más grandes de la historia del país, vimos el video del cuerpo inerte de Abel Murrieta, candidato a la alcaldía de Cajeme, Sonora, y abogado de la familia LeBarón; supimos del asesinato en pleno acto de campaña de Alma Rosa Barragán, candidata a la alcaldía de Moroleón, Guanajuato; nos enteramos de los balazos que le dieron al candidato a primer regidor de Acapetahua, Chiapas, Cipriano Villanueva.
Es un mundo entintado de rojo lo que llama poderosamente la atención es que Rosario Piedra Ibarra ni pestañeó. Simplemente se ha mantenido callada, quizá disfrutando de sus cortes y buenos vinos.
Durante el proceso electoral de 2018, el entonces presidente de la CNDH, Luis Raúl González Pérez, alzó la voz y condenó la crispación, polarización, incertidumbre y violencia política; Piedra Ibarra, no ha dicho esta boca es mía.
Incluso, la CNDH, junto al INE, el TEPJF, la Fepade, Segob, Fevimtra, Inmujeres, CEAV y Conavim elaboraron un protocolo para la atención de la violencia política contra las mujeres en razón de género y buscaron garantizar el libre ejercicio de los derechos político-electorales como parte integral de la protección de los derechos humanos de las mujeres.
Pero, ahora que se requiere de una voz firme que abogue por los derechos de los mexicanos, el “florero de la CNDH” simple y llanamente no existe, no está, no sirve.
Sin duda, la 4T con Rosario Piedra ya acabó con la CNDH federal.
Quizá, pensando que tenga dignidad, sería bueno, positivo, congruente, que Rosario Piedra Ibarra asomara la cabeza para decir “oigan, aquí estoy enterándome de lo que pasa”.
Se habla de que habrá cambios en el gabinete de López Obrador y si bien se podría presumir que la CNDH tiene otro tipo de dinámica, sería deseable que, al menos, el Presidente le dijera: “Rosario, vete a descansar a tu casa”.
Son sueños. Simples sueños.

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