DE PÉRDIDAS, DEBACLES Y REACOMODOS

Por Luis Pinal Da Silva

Sin duda alguna, Andrés Manuel López Obrador estuvo virtualmente en las papeletas para votar en todo el país y, sin estar su nombre o imagen en las papeletas, logró arrastrar a su partido Morena a victorias electorales importantes, al tiempo de cohesionar un frente opositor contra su poder omnímodo.
Y este es un punto importante, ya que la correlación de fuerzas se realineó para impedir que López Obrador tenga un día de campo durante el segundo tercio del sexenio y que la elección presidencial de 2024 esté abierta.
Los resultados no son buena noticia para el presidente, si el análisis no se hace bajo la óptica cuantitativa de victorias y derrotas, sino de cómo la oposición fue creciendo y colocando en apuros al presidente, el jefe electoral de Morena, desde cuyas oficinas en Palacio Nacional se diseñó la estrategia, jugando de último momento el anuncio de vacunación anti-covid a todos los mayores de 18 años en los municipios de la frontera norte el viernes, y la captura del ex gobernador de Nayarit, Roberto Sandoval, filtrada a la prensa poco antes de abrirse las casillas este domingo, para frenar la caída del voto.
De acuerdo a las cifras preliminares, hubo un giro importante de voto entre las clases medias y altas – casi ocho millones de personas en ese segmento que votaron por López Obrador y su partido en 2018 -, que en un número aún indeterminado, le dieron ahora la espalda.
Los resultados para la gubernatura en Nuevo León, en las alcaldías en el poniente de la Ciudad de México y los municipios mexiquenses conurbados en el noroeste, principalmente, reflejan el corrimiento de ese grupo social.
La magnitud de la pérdida de apoyo del partido en el poder por parte de los aliancistas, o visto desde otra óptica, la resiliencia de la imagen del presidente pese a los terribles resultados en seguridad y economía como consecuencia de sus políticas, tendrán que ser revisados cuando se dé el cómputo final del Congreso y gubernaturas.
La forma en que se cerraron las contiendas explica mejor el fenómeno del realineamiento político nacional que se empezó a notar en febrero, cuando reiniciaron las encuestas en vivienda tras la pandemia del coronavirus, que registraron que el voto de clases medias y altas que se habían sumado a López Obrador y votaron en bloque por Morena al Congreso hace tres años, lo empezaba a abandonar.
En la capital federal se cerraron las contiendas en las alcaldías Cuauhtémoc, Miguel Hidalgo y Álvaro Obregón y otros bastiones en poder de Morena, como Coyoacán y Tlalpan.
A esa lucha hay que añadir la que se libró en los municipios conurbados al poniente de la Ciudad de México – Atizapán, Cuautitlán, Huixquilucan, Naucalpan y Nicolás Romero – donde se apuntan victorias para la oposición.
La rectificación del voto en un amplio sector de clases medias y altas se reflejó también en las cinco circunscripciones federales, donde más allá de cómo quede la composición del Congreso, hubo un crecimiento muy fuerte de la oposición en todas ellas, con notorios incrementos en su respaldo.
El clasismo en esta elección tuvo también otro tipo de expresión más sorprendente, como se vio en Guerrero, donde la oposición dio una fuerte pelea a Morena con el apoyo de los grupos más marginados, los pobres de los pobres, que abandonaron a López Obrador y a su partido por decepción ante el incumplimiento de las promesas de campaña, que capitalizó el PRI.
La elección de este domingo requiere de información pormenorizada para poder entenderla plenamente.
Sin embargo, la primera lectura de los resultados preliminares es que la oposición, hasta hace seis meses inocua, surgió como una fuerza con enclaves muy fuertes en la zona industrial en el centro y norte del país, así como el corredor del poniente de la Ciudad de México y los municipios mexiquenses conurbados en el corazón político y económico del país.
Sin duda que los resultados no serán del agrado del presidente, que esperaba arrasar como hace tres años, pero la oposición le perdió el miedo y un amplio segmento de la sociedad que lo apoyó 2018, se fastidió.
En el escenario, lo que se observa es que la sociedad, sobre todo aquella que le permitió llegar al poder, votó por la democracia, los contrapesos, la pluralidad y que el juego político no sea de un solo hombre.
Y en este sentido, el Instituto Nacional Electoral, con todos los cuestionamientos a cuestas, se erigió también en el gran ganador de las elecciones en este maremágnum de pérdidas, debacles y reacomodos.

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