LAS DERROTAS DUELEN Y SHEINBAUM LO SABE

Claudia Sheinbaum Pardo no sólo es la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, sino que se le considera pieza clave en el contexto del proyecto del presidente Andrés Manuel López Obrador.
Incluso, López Obrador la presume casi, casi, como su sucesora en las elecciones presidenciales de 2024.
Pero, la derrota en las elecciones locales de la Ciudad de México, que produjo la mayor pérdida de la izquierda en la Ciudad de México desde que llegó al poder en 1997 parece que ha minado sus posibilidades.
Sheinbaum había logrado establecer un contraste con López Obrador en varias acciones de gobierno, como el manejo de la pandemia del coronavirus, o a nivel personal, al transmitir una seriedad que su jefe superior no mostraba. Tiene muy buena imagen en los medios de comunicación, donde frecuentemente se le elogia por su gestión y acción. Todo esto, sin embargo, no fue suficiente para impedir la gran derrota electoral.
En este domingo 6 de junio, perdió en la mitad de las 16 alcaldías de la capital federal, que dividieron a la ciudad en dos mundos, donde por un lado están los grupos de menor ingreso, y en el poniente aquellos que tienen mayor ingreso.
En la Asamblea Legislativa experimentó una importante disminución de diputados, que de 30 durante la primera parte del mandato sexenal, pasará a 16 en la segunda, lo que representa una caída de más de 40%.
Sheinbaum perdió Tlalpan, la alcaldía que gobernó, donde también fracasó Alfonso Ramírez Cuéllar, para reelegirse como diputado. Se le fue de las manos la alcaldía Cuauhtémoc, en donde se asienta Palacio Nacional, que se la entregó a Dolores Padierna, quien junto con su esposo René Bejarano son los caciques de esa demarcación, y con quienes se había repartido posiciones en la capital. La apalearon en Álvaro Obregón y Miguel Hidalgo, donde competían un bejaranista y un lópezobradorista, y se le fue Azcapotzalco, incondicional del presidente de Morena, Mario Delgado. En Coyoacán vio la derrota de Pablo Gómez, uno de los líderes históricos de la izquierda.
Todo ello es sintomático del rechazo hacia Sheinbaum. Las clases medias y altas le dieron la espalda. Tanto a ella como a las políticas impulsadas desde Palacio Nacional.
Pero a López Obrador le interesa la atención – llámese manejo – de los pobres que, en forma inexplicable, votaron a favor de los candidatos de morena, no así aquellos que se decantaron por otras opciones políticas.
El voto contra Morena en la capital federal estuvo cargado de agravios, de los cuales solamente una parte fueron consecuencia de las acciones de Sheinbaum, como el freno que puso a la industria de la construcción en 2019, que provocó miles de despidos y que un número importante de inversiones en bienes raíces se fueran a otros países.
La otra parte, quizás lo más importante por el impacto que causó, fueron decisiones atribuibles solamente al presidente.
Se podría argumentar que el voto de castigo a Sheinbaum fue sobre todo, una expresión de rechazo a las políticas del presidente, quien la responsabilizó implícitamente de la derrota por su abandono de las clases pobres. Un contrasentido a todas luces.
La dependencia patológica que tiene Sheinbaum y su incapacidad para pensar y actuar sin ataduras a López Obrador, la llevaron a pagar costos que no eran de ella, pero por los cuales, en defensa del presidente, está dispuesta asumir.
Pero, si Sheinbaum acata lo que le ordenó el presidente, antagonizará aún más con las clases medias y altas, reduciendo sus posibilidades para lograr la candidatura presidencial.
La ola de inconformidad que experimentó el domingo va a crecer a menos que encuentre solución a sus agravios. López Obrador no lo hará, pero ella está en la disyuntiva si ante el nocaut reacciona inteligentemente o si, como hasta ahora, se mimetiza y espera que el presidente la saque del hoyo, lo cual se ve improbable.

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