LOS DOS ALFILES EN LA “PICOTA DEL ESCARNIO»

Por Luis Pinal Da Silva

El primer peritaje de la Línea 12 del Metro realizado por la empresa noruega DNV, no deja lugar a dudas: obra que colapsó el 3 de mayo fue terriblemente ejecutada y supervisada.
El informe señala que no se siguieron todos los planos originales, tampoco se utilizaron los materiales adecuados, ni hubo un control de calidad sobre el trabajo y, bajo esa tesis, la “Línea Dorada” no debió haberse inaugurado en vísperas de que Marcelo Ebrard Casaubón, terminara su mandato al frente del gobierno capitalino.
Pero Ebrard no es el único en la “picota del escarnio”. Hay muchos personajes que están en la lupa, como su entonces secretario de Finanzas, Mario Delgado Carillo, que pagó por materiales de construcción que no existieron y que no corroboró que lo que pagaba se lo entregaban, dejando abierta la puerta para sospechas de corrupción.
También quedó fuertemente cuestionado quien fue el director del Proyecto de la Línea 12, el ingeniero Enrique Horcasitas, y era el responsable técnico de todos los trabajos.
Pero bajo el escrutinio también se encuentra la empresa Carso Infraestructura y Construcción, del magnate Carlos Slim Helú, que construyó el tramo siniestrado.
La que respira es la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum Pardo y, también lanzo un suspiro profundo, su antecesor, Miguel Ángel Mancera, a quien Ebrard estaba culpando al sugerir que había sido un problema de mantenimiento.
Mancera y Sheinbaum tendrán que dar explicaciones del porqué recibieron cada uno la obra de manos de sus respectivos antecesores sin observaciones, aunque el primero, hoy senador de la República detuvo por completo la operación de la Línea 12 del Metro durante 11 meses porque el director del Metro, Joel Ortega, dijo que mantener su servicio significaría un alto riesgo para los usuarios.
Indudablemente se avecina una discusión pública que querrá ser llevada al terreno político. Ebrard primero respondió a The New York Times que, con evidencias que recogieron y mostraron para su análisis a especialistas en Estados Unidos y México, llegaron a las mismas conclusiones reveladas por la empresa noruega y, tras ello, acusó a Mancera de opacidad en el mantenimiento de la Línea 12 y como “no cuajó” buscó un nuevo marco de referencia, al denunciar que hubo una “cacería política” que lo llevó al autoexilio en tres países.
Indudablemente no sólo su prestigio está en juego, en el entendido de que 26 muertos son una responsabilidad que implica una carga política, pero también enfrentará demandas civiles, que se están preparando en Estados Unidos con 14 familias de las víctimas, y eventualmente acusaciones penales.
Todos pensarían que, por dignidad, lo más prudente hubiera sido dar un paso de costado y renunciar a Relaciones Exteriores para preparar su defensa.
Él lo sabe. Está tocado de muerte política y no se puede uno imaginar cómo podría resucitar. La única posibilidad en estos momentos que tiene frente al negro horizonte, aunque forzada, sería la argumentación que él no sabía lo mal que estaba la obra y fue engañado.
Horcasitas va junto con él, como director del Proyecto de la Línea 12, y que animó a Ebrard, contra la opinión de otros como Bojórquez, a inaugurarla antes de finalizar su gobierno y ni qué hablar de Mario Delgado, quien tuvo un presupuesto multimillonario que dice haber aplicado y ahora está más que claro que no todo por lo que pagó se compró.
Esto es apenas el principio de un largo y sinuoso camino, donde no se sabe qué sucederá con Ebrard, Delgado, Horcasitas y el prestigio de Slim.
¿Habrá justicia o se saldrán con la suya éstos cuya cabeza hoy se muestra en la picota del escarnio?

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