Un estudio reveló que las crías de murciélagos también balbucean como los bebés.

Se mantuvo bajo observación a veinte crías de murciélago en su hábitat natural en Panamá y Costa Rica y luego comparó los rasgos de su balbuceo con los que caracterizan al de los bebés. 

Los murciélagos no solo tienen cosas negativas como enfermedades respiratorias, pues en ocasiones a pesar de su fama y relación con el mundo de terror, estos pueden llegar a ser animales muy tiernos, pues un estudio reveló que sus crías pueden balbucear como bebés.

Un equipo encabezado por el Museo de Historia Natural de la Universidad de Berlín investigó el balbuceo de las crías del murciélago de sacos «Saccopteryx bilineata», una de las pocas especies, junto a algunos pájaros cantores, que se ha demostrado que practica ese comportamiento.

Ahana Fernández, líder del estudio, mantuvo bajo observación a veinte crías de murciélago en su hábitat natural en Panamá y Costa Rica y luego comparó los rasgos de su balbuceo con los que caracterizan al de los bebés.

Como resultado, se encontraron pruebas claras de un comportamiento de balbuceo en las crías de este murciélago, sino también que es sorprendentemente similar al de los humanos.

En una edad madura los murciélagos utilizan diferentes tipos de sonidos, ya sea para llamar a su pareja, o para delimitar su territorio como advertencia para cualquier invasor.

Eso si, a diferencia de los loros, los murciélagos no pueden pronunciar silabas, pero si cuentan con diferentes sonido de llamado característicos.

«Cuando balbucean, los tipos de sílabas adultas y las sílabas únicas de las crías se mezclan en largos balbuceos», agregó Knörnschild, del Museo de Historia Natural de Berlín.

Durante su desarrollo, las crías de murciélago de sacos pasan una media de siete semanas con un comportamiento de balbuceo diario, que se caracteriza por largas secuencias vocales multisilábicas, las cuales incluyen tipos de sílabas del repertorio vocal de los adultos.

Para finalizar, la investigadora consideró que estos hallazgos «sugieren que existen profundos paralelismos entre cómo los humanos y los murciélagos jóvenes aprenden a controlar su aparato vocal».

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