En tiempos de la Cuarta, la indolencia es contagiosa

Por Adriana Dávila Fernández

Tal parece que las niñas y los niños que padecen enfermedades oncológicas seguirán condenados a la batalla por conseguir sus medicamentos. Así se vislumbra su futuro después del desafortunado e insensible tuit de la diputada de Morena, Patricia Armendáriz, para quien estas acciones no tienen sustento alguno: “Pues pedí a papás, mamás, enfermer@s (sic) que me dieran evidencia de desabasto de medicamentos principalmente de nuestros queridos niños y no me dieron ni una sola evidencia”.

Me permito señalar a la señora diputada que la evidencia está en los miles de casos denunciados; en la desesperación e incertidumbre de los padres y madres de familia por ver como poco a poco la vida de sus hijos se va apagando; en los hospitales, en donde se espera apoyo; en los ojos de esos pequeños, que lo único que piden es su medicina; en las asociaciones que trabajan incansablemente para apoyarlos; en las iniciativas legislativas que se han presentado y que no encuentran eco, por orden y capricho presidencial; en la madre que se hincó ante su compañera o en el padre que no tiene trabajo y necesita cuidar de los suyos. ¡Qué rápido claudicó la empresaria ante este gobierno de simulación!

Casi tres años de lucha, con poco más de mil 600 infantes que han perdido la vida por esta causa, ¿no han sido suficientes pruebas para que el gobierno federal, autodenominado “humanista”, asuma la obligación de proveer salud a sus gobernados y deje de escudarse y defender su falta de voluntad para resolver el problema, justificando una y otra vez con los argumentos más descabellados, el desabasto de medicamentos y tratamientos oncológicos? El presidente López Obrador todas las mañanas denuncia supuestos complots, señala culpables, lanza injurias sobre lo que él considera sus adversarios, señala corrupción y hasta el momento y con todos los instrumentos del Estado a su servicio, jamás ha presentado pruebas y evidencias. Lamentable que una legisladora exija a quienes padecen el dolor de tener un familiar con cáncer, pruebas de lo que es más que evidente y ha sido denunciado a lo largo de esta administración.

En lugar de resolver este grave problema, se pretende ignorar lo que revelan los datos y estadísticas oficiales sobre el cáncer en niños y adolescentes en nuestro país: Hasta el 2018, la población de niños y adolescentes entre los 0 y los 19 años fue de 44,697,145, de los cuales 26,493,673 no cuentan con ningún tipo de Seguridad Social. Lo anterior resulta preocupante debido a que el cáncer es una enfermedad costosa que ocasiona un gasto de bolsillo considerable en la familia de los pacientes y puede condicionar cierto grado de empobrecimiento. Si en verdad esta información fuera relevante para el gobierno y sus representantes legislativos, su labor debería estar enfocada en procurar las condiciones necesarias para otorgar los tratamientos, medicamentos y quimioterapias que tanto urgen. Es más, su compromiso debería enfocarse a reactivar el Fondo de Protección contra Gastos Catastróficos o el Seguro Popular, que con todo y las deficiencias que tenían, atendían este tipo de enfermedades.

Pero no. Lo único que encuentran quienes padecen la enfermedad es la descalificación, la indolencia e indiferencia de este gobierno y sus autoridades en cualquier nivel: lo mismo las declaraciones de Hugo López Gatell, acusando de golpismo a los niños con cáncer, que ver a la diputada de Sinaloa ignorando los ruegos de una madre desesperada, o escuchar al mismísimo presidente de la República afirmar que esta situación es producto del pasado neoliberal y de un asunto de partidos políticos. No hay forma de que los legisladores de este partido y aliados de la LXV legislatura asuman con total responsabilidad la función que ahora les toca. Afirmaciones como estas nos ubican en la cruda realidad que vivimos desde diciembre del 2018: la superficialidad y ligereza con la que se han abordado temas vitales que preocupan a los ciudadanos de este país.

Después de todo este tiempo no entienden el dolor ajeno, no aceptan la evidente y documentada falta de medicamentos y de tratamientos. Prefieren seguir la narrativa dictada desde Palacio Nacional para evadir su responsabilidad parlamentaria. El papel del poder legislativo no es “lavarle la cara al presidente”. Su papel es legislar para todos quienes habitamos en este país. ¿Es mucho pedir? ¿Es tan difícil de entender? No cabe duda, la indolencia en tiempos de la cuarta es contagiosa.

 

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