ENFOQUE Y DESENFOQUES

Por Helga Kauffman

Nadie puede poner en tela de juicio que la migración se ha convertido en uno de los principales fenómenos de estudio a nivel internacional.

En los últimos diez años, se registró un incremento muy importante de los flujos migratorios, razón por la cual la integración de los inmigrantes en países receptores ha sido tema central en la agenda de los gobiernos.

Pero hay otra arista que se debe atender: la pandemia de Covid-19, que propició que los avances en la materia se frenaran, derivado de las restricciones a la movilidad, pero la crisis migratoria sigue presente.

De acuerdo con el Panorama de la Migración Internacional 2020, elaborado por la OCDE, la emergencia sanitaria produjo un impacto sin precedentes en la migración y se expone que, previo a la pandemia, en 2019, los flujos migratorios a los países de la OCDE aumentaron a 5.3 millones, mientras que en el reciente informe correspondiente al 2021, se reporta que los flujos se redujeron por encima de 30% en 2020, alrededor de 3.7 millones – el nivel más bajo desde 2003 -.

La crisis humanitaria en diferentes naciones, afectó la migración sobre todo la que fluye hacia Estados Unidos y Canadá; mientras que la migración laboral y la libre movilidad disminuyeron cerca de 24% y 17%, respectivamente.

En lo que respecta a la migración de trabajadores temporales, cayó un 58% y, dentro de ello, destaca que la migración familiar fue la que más decreció.

El documento revela que los migrantes están concentrados en zonas urbanas. Otro dato llamativo es que las mujeres representan más de la mitad de los inmigrantes residentes en la mayoría de los países de la OCDE: Canadá (52.4%), Estados Unidos (51.3%), Reino Unido (52.1%), Francia (51.9%), Italia (53.7%), por mencionar algunos.

Respecto a la brecha en la tasa de desempleo entre los migrantes y los nativos, ésta es de más de 3 puntos porcentuales.

Al inicio de la pandemia casi todos los países de la OCDE limitaron la entrada a extranjeros. La expedición de nuevas visas y permisos se desplomó 72% en el segundo semestre de 2020.

La OCDE ha apuntado que los gobiernos deberán concentrar sus esfuerzos en la integración, a fin de que los migrantes se inserten con mayores facilidades en la dinámica económica y social, porque es importante para el desarrollo de los pueblos.

Baste mencionar que en distintos países de la OCDE los inmigrantes conforman más de un tercio de la fuerza laboral en sectores clave, tales como: transporte, limpieza, elaboración de alimentos y servicios de las tecnologías de la información.

A pesar de ello, la coyuntura los obliga a enfrentarse a un mercado laboral cada vez más complejo, además de que sufren otras vulnerabilidades asociadas a la falta de vivienda y una situación de pobreza alarmante.

En los años venideros, quienes toman las decisiones estarán obligados a formular políticas de integración enfocadas en la atención a la migración como un eje rector para el desarrollo compartido.

De lo contrario, se generaría un clima de desestabilidad impresionante.

 

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