DE TRANSPARENCIA Y OTRAS OCURRENCIAS

Por Vianca Camposeco

Cuando Andrés Manuel López Obrador era jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal, se cerró a la transparencia; ejemplo de ello, los segundos pisos en la capital del país.

Nada ha cambiado de esa fecha a la actualidad pero el problema radica en que requerir por transparencia información es todo un viacrucis, porque la propia Presidencia y las dependencias del Gobierno rechazan las solicitudes.

Pero esta actitud, a todas luces antidemocrática, no ha inhibido las investigaciones periodísticas y han retratado, por decirlo de alguna forma, un cúmulo de irregularidades en la construcción de las obras emblemáticas impulsadas desde Palacio Nacional.

Hay que recordar que el lunes el tabasqueño sorprendió con un “acuerdo” para que las obras de infraestructura sean consideradas de seguridad nacional y evitar así transparentar los contratos del Tren Maya, la refinería de Dos Bocas y el Aeropuerto “Felipe Ángeles”, y todas las obras que se le ocurran.

Resulta evidente que ello busca evitar la intromisión de los medios de comunicación que no son adeptos a la llamada cuatroté, a quienes en forma recurrente considera sus adversarios.

Hay un reportaje de Isabella González, que revela irregularidades en los contratos adjudicados por el Gobierno para la construcción del Aeropuerto “Felipe Ángeles”, en el cual se habla de empresas fantasmas, direcciones falsas, compañías con giros comerciales no dedicados a la construcción e incluso pequeños negocios (una tlapalería) beneficiados con contratos millonarios.

Fue un trabajo que se realizó con rigor, con escrupulosa limpieza y que, en el mejor de los sentidos, debiera servir para que se tomen cartas en el asunto y se limpie la mancha del expediente.

Pero no fue así. De inmediato la descalificación, el señalamiento y, en forma velada, la amenaza contra quienes gustan de hacer su trabajo en forma profesional.

Es cierto que existan intereses de algunos medios de comunicación, sobre todo de aquellos que estaban acostumbrados a las lisonjas del poder, pero también es muy cierto, que hay quienes comulgan con algo que se llama ética y desarrollan su labor con profesionalismo, con honestidad.

A los primeros, pues ni modo, se acabaron los tiempos de las “vacas gordas”; pero a los segundos, más allá de llenarlos de adjetivos y descalificaciones, se les debe prestar atención, ya que pueden ser importantes para que la cuatroté no siga dando traspiés.

No puedo decir que el presidente buscará ser más analítico, pensar más con el cerebro que con el hígado, pero lo que me queda claro es que hacer periodismo en México se ha vuelto una profesión ingrata, donde los mercenarios disfrazados de periodistas gozan de una fama inmerecida y quienes han realizado su labor en forma profesional, son los malos.

 

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