DE FESTEJOS Y POCA PREVENCIÓN

Por Helga Kauffman

Un Zócalo lleno de personas con y sin cubrebocas, pegadas unas con otras, sin sana distancia. Ese fue el escenario que tuvo el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador para festejar sus tres años de la llegada al poder. Todos sin preocupación por la nueva cepa del Covid-19.

Fue un discurso de casi hora y media en el que presumió los “logros” de sus tres primeros años de Gobierno: estabilidad económica, aunque la inflación es de 7%; el manejo de la pandemia, aunque en México hay alrededor de 450 mil personas muertas por Covid, así como la reducción en los índices de violencia, aunque este es el sexenio más violento de la historia moderna, alrededor de 107 mil homicidios dolosos (en tres años).

Además destacó el combate a la corrupción, aunque en su entorno hay quienes se han enriquecido de manera ilícita y hacen negocios al “amparo del poder”; la estrategia de “abrazos, no balazos”, aunque su secretario de Marina ya reconoció “víctimas colaterales” en enfrentamientos.

No hay que poner en duda que López Obrador es un comunicador nato. Las conferencias matutinas y sus “informes” están diseñados para hablarle a sus seguidores, quienes no cuestionan las palabras presidenciales por su fanatismo.

Pero, a partir del tercer año, los presidentes en México empiezan a perder poder. La sucesión se convierte en prioridad y la lucha es encarnizada y en este escenario, Morena no será la excepción.

La apertura de las “corcholatas” llegó con tres años de anticipación y Claudia Sheinbaum Pardo lidera en la simpatía presidencial, en detrimento de Marcelo Ebrard y Ricardo Monreal.

El zacatecano está en contra de que el candidato morenista salga de una encuesta. Lo expresa todos los días, pero el Presidente ya le mandó el mensaje: Lo establecen los estatutos del partido y no se pueden cambiar a capricho de nadie.

Ebrard no puede expresarse, pues su posición en el gabinete lo tiene atado, pero sabe que podría quedarse nuevamente solo con el reconocimiento de López Obrador de ser por encuesta.

El último tramo del Gobierno de López Obrador seguirá la misma tónica de confrontación, quien se quedó en su eterno papel de opositor.

Y no hay que darle muchas vueltas al asunto, la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum Pardo, y el canciller Marcelo Ebrard Casaubon, no desaprovecharon la oportunidad para estar cerca del presidente, en la primera fila, mientras que el senador Ricardo Monreal, debió conformarse con estar lejos, en el recinto cameral, por “cuestiones de trabajo”.

Así las cosas. Así la situación, de la política, la pandemia y las preferencias.

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