EL JURASSIC PARK MEXICANO

Por Helga Kauffman

Rubén Moreira, líder del PRI en la Cámara de Diputados, declara que por mandato de la 23Asamblea, ya son un partido de centro izquierda, unos social-demócratas, feministas, ambientalistas, enemigos de la discriminación, progresistas, aliados de las causas populares y ello fue determinante para quitarse de encima el neoliberalismo que les impusieron desde el poder.

La declaración lanzada en redes sociales a los cinco continentes tiene más valor que el que otorgaba un papel membretado. Ja, es de risa.

¿Alguien podría creer que se trata de un intento desesperado del viejo partido para disputarle a Morena su base social y reencontrar en algún lugar a los electores que ha perdido?

Pareciera, pero no. En el PRI son anacrónicos, pero no imbéciles y quizá tengan muy claro que ni el clasemediero progresista va a votar por dinosaurios que intentan disfrazarse de cebras, ni los sectores populares van a confundirse entre Andrés Manuel López Obrador y Rubén Moreira o cualquiera de sus correligionarios, por más que ahora quieran llevar serenata a los pobres.

Pero ojo, porque esta aseveración – que simula la de un lobo vestido con la piel de la oveja – lleva dedicatoria no al pueblo, no al elector, sino a quien habita en Palacio Nacional.

Al asegurar que le dieron “una patada al neoliberalismo que nos impusieron desde el poder”, ello es sintomático de que los grandes Trinosaurios buscan acercarse al que manda en el país.

Los dirigentes del PRI han decidido que su mejor opción personal no es enfrentarse al lópezobradorismo, sino buscar montarse a su jamelgo y cabalgar con él.

Posiblemente entendieron – en forma tardía – que los altos cuadros del PVEM, tanto o más impresentable que ellos, con apenas 5 por ciento de los votos, han logrado maravillas sabiendo negociar.

Se advierte que los del PRI son dinosaurios matemáticos que entienden, de cara a futuras elecciones, que el 15 por ciento de las preferencias de voto que aún conservan no les da para ganar nada que valga la pena; ni gubernaturas, ni escaños en el Senado, quizá algún distrito despistado, pero nada más.

Y he aquí la ecuación: 15 por ciento sumado a Morena otorga a este movimiento toda la gobernabilidad que necesita para ejercer el poder sin despeinarse y ganar elecciones sin angustias y, evidentemente, el PRI obtendría su “tajada” con gubernaturas, escaños y alcaldías.

Su apuesta inmediata no es el 2024, sino las elecciones en las cuatro entidades en las que aún gobierna y en todas ellas afronta un pronóstico negativo.

Las sumas y restas que ha venido haciendo le dejan en claro que una alianza con el PAN no cambia las perspectivas en esas regiones y que lo único que no se puede permitir es carecer de una base territorial propia.

Son ellos los que acuñaron la clásica “vivir fuera del presupuesto es vivir en el error” y entienden perfectamente que carecen de compromisos ideológicos.

Si Morena ha entregado una gubernatura al PVEM (¿o de qué otra manera entender lo que sucedió en San Luis Potosí en las pasadas elecciones?), habría que preguntarse lo que podría darle al PRI por el enorme tesoro que representan sus 71 diputados.

Nada más y nada menos que la diferencia que media entre gozar de mayoría simple y mayoría calificada.

Moreira lo dijo, y con tal pronunciamiento parecería que está echada la suerte, o la falta de ella, de la reforma peñanietista.

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