UNA CIUDAD Y UNA AMBICIÓN

Por Marco Antonio Monteagudo

No cabe duda que la desesperación del Gobierno de la Ciudad de México ante la falta de dinero ha llegado a límites insospechados, pero no es porque lo quieran destinar para mejorar la capital del país, sino que ya no les alcanza lo que tienen para lograr la candidatura de Claudia Sheinbaum Pardo a la Presidencia de la República.

El camino lo tiene pavimentado políticamente por el presidente Andrés Manuel López Obrador, pero hace falta lo más importante: dinero, ya que es sabido que las elecciones se ganan con dinero, mucho dinero, pero de preferencia ajeno, ya que el propio no se arriesga.

Claudia Sheinbaum se ha dado a la tarea de aumentar el volumen de las arcas para mantenerse como consentida de López Obrador para sucederlo en el 2024 y entiende a la perfección que ella sería la sobra tras el trono de la 4T.

Ese modelo lo tuvo Carlos Salinas de Gortari, con Luis Donaldo Colosio, pero las fuerzas internas de su propio gobierno asesinaron a su delfín y dejaron a un instrumento del grupo que no permitiría que se prolongara el Maximato, de quien se auxilió, tras la persecución de Zedillo, en Dublín y en La Habana.

Pero en el caso de Sheinbaum y su ambición por llegar a la Presidencia, lo maneja con base en el activo más valioso que tiene: el presidente y el 35% del electorado que mantiene enamorado y podrían darle el triunfo electoral para el 2024.

Ante ello, Sheinbaum tiene la responsabilidad y obligación con su jefe, mentor, guía, protector e impulsor político, de recaudar más dinero para actividades proselitistas a favor de Morena.

De esa manera, López Obrador tiene el objetivo de evitar persecuciones políticas de sus opositores dentro y fuera de Morena, así como el perpetuar, al estilo de Hugo Chávez, su clan burocrático en el poder.

En la estrategia, que va en contracorriente a la propuesta que hizo López Obrador, está el aumentar el dinero que se perciba vía impuestos. De esa manera tendrá más recursos para regalar efectivo a los ninis, jóvenes que ni estudian ni trabajan, amén de otros programas que están decorados como apoyos sociales, cuando en realidad es para comprar votos.

De esa manera veremos, como quedó aprobada la Ley de Ingresos del Gobierno de la Ciudad de México, la persecución de automovilistas que tengan en sus vehículos placas de Morelos u otra entidad en donde no son despiadadas las reglas de pago de tenencia.

El derecho de tener un coche, es simplemente aberrante y sólo se mantiene en países bananeros donde los gobiernos son autoritarios.

En México existe después de la gran mentira de Adolfo López Mateos, que necesitaban dinero para pagar las Olimpiadas de 1968. Puras mentiras de un ocioso lambiscón que formaba parte del entonces secretario de Hacienda, Antonio Ortiz Mena.

El impuesto después fue copiado por otros países centroamericanos y africanos. Qué mejor pretexto que desarrollar un impuesto a la propiedad, aunque no uses las calles, justificación que después dieron los priistas y panistas para recaudar más. Hoy representaría para el gobierno de la Ciudad de México 20 mil millones de pesos que le pelea a Morelos.

Los servicios que ofrece el gobierno de Sheinbaum también se encarecieron en términos reales, más allá de la inflación, pero más acá de los caprichos de los gobernantes.

Es claro que ya se acabaron el dinero para repartir y ahora van por incrementar los impuestos.

Pagamos una de las más altas tasas impositivas del mundo. De talla mundial con bienes y servicios proporcionados por el gobierno de “cuarta”.

Aunque esto viene de gobiernos priistas y panistas, los de Morena siguen el mismo rumbo y ello los asemeja a aquellos que calificaban de inmorales y corruptos.

 

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