EL INE, ¿SOBRA O FALTA CONGRUENCIA?

Por Luis Pinal Da Silva

Abril de 2021, el presidente Andrés Manuel López Obrador propone desaparecer el Instituto Nacional Electoral (INE), el organismo que garantiza la no intervención del Gobierno de la República en la organización de las elecciones federales.

Espeta en forma ruda: “El colmo es que (el INE) no es para hacer valer la democracia, sino para que no haya democracia; antes, con el régimen autoritario, antidemocrático, (y) corrupto, se necesitaba para hacer los fraudes, para que quedaran los mismos, para que siguiera el saqueo. Por eso ganan muchísimo, el presidente del INE (Lorenzo Córdova) debe de estar ganando como 200 mil pesos mensuales”.

Fue la primera llamada, la primera alerta.

Mucho se ha dicho; mucha tinta ha corrido. Las posturas se han polarizado. El discurso, el alegato presidencial, caló hondo en un sector que ve a los consejeros como multimillonarios que no velan por la democracia sino por el dinero que obtienen.

Bajo ésta óptica, pareciera tener sentido la arenga del mandatario. Sin embargo, hay que observar que desaparecer el INE sería suicida, implicaría una contramarcha histórica y además sería contra la voluntad popular.

Con el paso de los meses, ha quedado claro que existe un abierto intento presidencial por hacer “quedar mal” al INE y, con ello, debilitarlo con miras a que desaparezca.

Más antecedentes de una visión utópica o amorfa: López Obrador dijo que se sometería a la consulta de revocación de mandato, proceso de la misma dimensión logística que una elección federal, con un costo de alrededor de 4 mil millones de pesos, porque se asume como un gran demócrata.

De inmediato los corifeos – morena y sus aliados en la Cámara de Diputados – le quitan al INE casi 5 mil millones de presupuesto.

En respuesta, el INE declaró que el recorte, evidentemente, pone en riesgo el financiamiento de la consulta de revocación.

Y vino entonces el apalancamiento de una necedad: el presidente, morena y el lópezobradorismo en general acusaron al INE de autoritarismo y de querer frenar “la democracia participativa”.

Es decir, se recurrió al viejo modelo de construir una crisis inexistente para después crear un culpable.

La razón por la cual López Obrador busca destruir al INE es, simple y sencillamente para aumentar su injerencia en las elecciones. Más claro, ni el agua.

Pero desaparecer al INE no es un fin en sí mismo; es un medio para algo más; quizá busca vengarse del INE por el inexistente “fraude” de 2006 que, a sus ojos, avaló el antiguo Instituto Federal Electoral (IFE); o quizá quiere restituir el control gubernamental sobre las elecciones porque añora aspectos del viejo régimen cuasi hegemónico priista.

Pero, más allá de lo que el presidente piense, lo cierto e irrefutable es que ningún fin noble o democrático puede surgir de la destrucción del INE.

No debemos perder de vista que los mexicanos vivimos bajo el control excesivo del gobierno durante buena parte del siglo XX, un escenario que no queremos que se repita.

Reconocer el valor de la libertad política y, sobre todo, cuando está en riesgo, es urgente y hoy, actualmente, esa libertad que ha costado tanto, se encuentra en máximo peligro.

 

Botón volver arriba