INE, O LA CRISIS INDUCIDA

Por Luis Reyes Cera

El Instituto Nacional Electoral está inmerso en la peor crisis desde su creación en 1990 y la confrontado con el presidente Andrés Manuel López Obrador, avizora un final de pronóstico reservado, máxime que pero podría llevar a Morena a iniciar proceso de juicio político en contra de Lorenzo Córdova y Ciro Murayama.

Ambos consejeros electorales se encuentran bajo el escrutinio de Palacio Nacional por impulsar un acuerdo para posponer la revocación de mandato que tanto desea el Presidente, quien ve este proceso como un instrumento para afianzar su poder.

El que lleva las de perder en esta lucha es el INE, pues el tabasqueño goza de alrededor de 70% de popularidad y utiliza sus conferencias matutinas para atizar todos los días contra el propio Instituto y los dos más visibles consejeros.

El Congreso no le dio recursos adicionales al órgano electoral para llevar a cabo la revocación de mandato y el INE reaccionó argumentando que sin más dinero no es posible realizar la consulta como mandata la Constitución.

López Obrador y los presidenciables de Morena exigen al INE entrar en un proceso de “austeridad republicana” que les permita tener ahorros para poder consultarle “al pueblo” si está de acuerdo o no que el Presidente se mantenga en el cargo.

El resultado es evidente. La mayoría de los mexicanos quieren que el tabasqueño cumpla con los seis años para los que fue electo en 2018; sin embargo, para él la consulta se ha convertido – y hay que decirlo con todas sus letras – en una obsesión.

El INE, con su postura de posponer la consulta, se metió en un callejón sin salida. Si no la realiza, dará argumentos al Presidente para exigir la extinción del órgano electoral, como es su deseo para regresarle el control electoral a la Secretaría de Gobernación.

Durante la sesión en la que se aprobó el acuerdo del INE, la consejera Carla Humphrey, quien votó en contra, hizo siete propuestas para evitar posponer la revocación de mandato, pero no fue escuchada.

La crisis de 2006 no tuvo el riesgo que ahora corre la existencia del órgano electoral. Se buscó y tiró a los consejeros electorales, pero nadie planteó desaparecer al entonces IFE.

El INE debería reflexionar sobre su papel en este proceso. Lleva las de perder, porque entra en los terrenos que mejor conoce el Presidente: el de la política y el de la confrontación, donde el tabasqueño es un viejo lobo y aplastará al órgano electoral.

Y ello parece que ya lo entendieron, al aceptar que lo que determine la Suprema Corte de Justicia de la Nación, lo acatarán sin reparo alguno.

La salida está a la vista: habrá la consulta para la revocación de mandato, lo cual solamente apalancará más al Presidente y, de entrada, dará a su movimiento la oportunidad de seguir moviendo las olas si en el 2024 llegara una opción política diferente a encabezar los destinos de México.

 

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