El calvario que “destrozó” mentalmente a Márquez

Llegaron buenas noticias sobre cómo marcha la recuperación de Marc Márquez, pero eso no quiere decir que sea una época fácil para el ilerdense. Sin apenas tiempo para volver a sentirse plenamente competitivo por la lesión de húmero que le tuvo fuera de escena durante todo 2020 y las dos primeras carreras de 2021, a final de temporada el octocampeón se encontró de bruces con viejos fantasmas que le hicieron retroceder en el tiempo rememorando el episodio “más duro” de su trayectoria deportiva.

Con el Mundial de Moto2 en juego, una caída le provocó a Marc una lesión ocular que le privó de luchar por el título en su año de rookie para, una década más tarde, frenar en seco la progresión de un curso que de por sí ya fue más complejo de lo esperado.

La diplopía volvía a aparecer justo cuando Márquez se preparaba para cumplir con las dos últimas carreras del año. De nuevo la visión doble le bajaba de la moto y al mismo tiempo, le hacía revivir “una lesión que no se podía trabajar” como confiesa el ilerdense en DAZN.

“Iba a los fisios y decía ‘veo doble’. Vale, ¿y qué? ‘Quedará bien para hacer vida normal, pero en moto complicado’. ‘Tú no tienes ni idea, voy a otro’, así hasta ocho doctores”, reconoce que tanteó el de Cervera para poner remedio a un problema que afortunadamente, en esta ocasión, parece que no necesitará de cirugía como ocurrió por aquel entonces, pero sí de un trabajo incesante que le permita corregir el defecto óptico al completo.

El simple hecho de evitar el quirófano y optar por un “tratamiento conservador” que hace evolucionar la lesión favorablemente, ya hace que el proceso no se viva de la misma manera que en el pasado, pero ¿cómo de complejo fue asumir y superar esta lesión? “Me ponía una máquina, en la que veía una figurita que veía de fondo e intentaba fusionar imágenes. Eran ejercicios, que eran un coñazo porque estabas ahí quieto, pero los tenía que hacer, y fue una pretemporada que físicamente no cansaba nada, pero mentalmente me destrozó. No me entraba en mi cabeza y no pensé nunca que no volvería a correr”.

Pese a que es un contratiempo reiterado en el caso del octocampeón, en el resto de pilotos no es un mal común como sucede con otro tipo de lesiones: “Los dedos pequeños nos los rompemos mucho porque es el primero que toca el suelo. Son gajes del oficio”. Sin embargo, como reconoce el propio Márquez, son los momentos complicados aquellos que te hacen “entender varias cosas e intentar plantearlo diferente”, para regresar con más fuerza y seguir buscando la excelencia en un deporte, que le espera de vuelta junto a su mejor versión.

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