EL PAÍS DONDE NO PASA NADA

Por Marco Antonio Márquez

Cuando se da a conocer oficialmente que México acumula más de 3.9 millones de contagios por coronavirus y que se acerca a los 300 mil muertos, es necesario entender que algo no hemos hecho bien, ni el gobierno, ni los mexicanos.

Hablar de que el número de contagios por Covid-19 es la cuarta cifra más alta del mundo, nos hace entender que la gente se desbocó en los festejos de Navidad, merced a una actitud permisiva de las propias autoridades, que alentaron a que todos festejaran, salieran a divertirse, con medidas que resultaron infantiles.

Pero lo más lamentable – por no decir deleznable – es que en medio de los récords de contagios y restricciones mundiales, el Gobierno mexicano minimizó este martes la amenaza de la variante ómicron y presumió de su gestión de la pandemia, que sigue “a la baja”.

Huelga mencionar que de nueva cuenta afloró la frivolidad del subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell Ramírez, encargado de la gestión de la pandemia, quien dijo que “con frecuencia se sobreestima la participación de la variante ómicron. Como hemos dicho desde octubre, es indiscutible que en algún momento en México, así como ha ocurrido en otros países, puede haber una cuarta ola”.

Y, estadísticamente hablando, los Gobiernos estatales han confirmado decenas de casos de la nueva variante por su cuenta, mientras que la Administración federal sólo reconoce 42 contagios de ómicron desde el primer paciente detectado el 3 de diciembre.

El Gobierno mexicano también ha asegurado que es el séptimo país del mundo que más vacunas en términos absolutos ha aplicado, con más de 148.5 millones de dosis administradas; sin embargo, sólo cerca de 72.7 millones de persovnas han recibido el esquema completo, que representa menos del 58 % de los 126 millones de habitantes.

Y así, en esta andanada de declaraciones sinsentido, mientras ómicron provoca la suspensión de fiestas de fin de año en Europa, la cancelación de miles de vuelos en Estados Unidos y restricciones en las celebraciones de Brasil, el subsecretario López-Gatell insistió en que las medidas son “las mismas” que contra la variante delta ya que desde su óptica “es una variante que es claramente más transmisible, pero que produce menos enfermedad grave”.

Y lo que con las cosas, mientras la jefa de Gobierno de la CDMX, Claudia Sheinbaum Pardo, anuncia que se cancela el festejo navideño y la verbena popular proyectada para el 31 de diciembre en la capital del país, el Gobierno Federal dio a conocer que, como reflejo de la apertura de México, permitirá el desembarque de cruceros con pasajeros contagiados de Covid-19 a pesar de las crecientes restricciones en otros países y la oposición de Gobiernos estatales por los brotes en estos viajes.

México, de acuerdo a lo expuesto por Andrés Manuel López Obrador, tiene 2 mil 371 decesos por Covid-19 por cada millón de habitantes, por lo que el país ocupa el sexto lugar en América y el número 21 a nivel mundial en fallecimientos proporcionales.

Pareciera que en las altas esferas gubernamentales no quieren ver – y mucho menos atender – lo que está sucediendo en materia de salud. Bueno, si no hay medicamentos para los niños enfermos con cáncer, que se puede esperar el resto de los mexicanos. No cabe duda, estamos en el país del no pasa nada.

 

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