EL ORÍGEN DE TODOS LOS MALES

Por Helga Kauffman

La historia de La Caja Pandora es un mito que revela, en términos reales, que el hombre es autor de sus pesares, por curiosidad, por negligencia, por torpeza o porque sí.

En el fondo de la Caja quedó la esperanza, enclaustrada, mientras los demonios, los pesares y males, volaban libres para acecharnos, pero, lejos de la mitología, lo cierto es que desde marzo del 2020, la humanidad ha puesto su confianza en que la conclusión de la pandemia llegue lo más pronto posible.

Concluyó el 2021 con la esperanza de que el 2022 la pandemia perdiera fuerza, sin embargo, no ha sido así, a pesar de que el año pasado se significó por la creación, producción y aplicación de vacunas, lo que nos dio una renovada fe en la disminución de contagios.

Sin embargo la situación aún es complicada, ya que de acuerdo a datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la cual lanzó la Estrategia para Lograr la Vacunación Mundial contra la COVID-19 para mediados de 2022 se afirma que para que el 70% de la población mundial quede inmunizada se requieren al menos 11,000 millones de dosis de vacunas.

A finales de septiembre se habían administrado ya poco más de 6,000 millones en todo el mundo y con una producción mundial de vacunas de casi 1,500 millones por mes, desde una perspectiva de suministro hay suficientes vacunas para alcanzar las metas mundiales, siempre y cuando se distribuyan de forma equitativa.

Minimizar los casos no solo exige del compromiso de gobiernos e instituciones, sino el de la sociedad en general, ya que el número de personas que se niegan a atender dicho proceso, oponiéndose incluso al uso de vacunas, podría incrementarse.

La pandemia nos ha mostrado desigualdades y brechas que con el paso de los días se hacen cada vez más evidentes, y aunque no podemos negar que el anhelo de dejar de lado el miedo constante es más fuerte que nunca, paradójicamente, también lo ha sido el repunte.

Como todos los virus, el SARS-CoV-2, con el transcurrir del tiempo y el contacto con diversos escenarios ha mutado, permitiendo cambios en algunas de sus propiedades como sería, de acuerdo a la OMS, su facilidad de propagación, la gravedad de la enfermedad, la eficacia de las vacunas, los medicamentos para el tratamiento, los medios de diagnóstico u otras medidas de salud pública y social.

En la carrera contra el tiempo, el virus parece no darnos tregua. No hay que perder de vista que desde su aparición se tiene registro de cinco variantes preocupantes (Alpha, Beta, Gamma, Delta y Ómicron) y dos variantes de interés (Lambda y Mu).

Desafortunadamente, mientras millones de personas recibieron el 2022 entre sonrisas, fuegos artificiales y sidra, otros miles comenzaron a infectarse de forma acelerada por la última variante, Ómicron, que se ha convertido en la más contagiosa, aunque también hasta el momento en la menos mortal.

Después de casi dos años de pandemia, la velocidad con la que se ha dispersado el Ómicron no tiene precedentes; incluso de acuerdo a expertos, aún es temprano para que el final de la ola se encuentre cercana. Por si lo anterior fuera poco, de continuar las cifras como hasta ahora, se cree que entre las siguientes seis u ocho semanas, la mitad del continente Europeo se contagiará de dicha variante, situación en la que también parece encontrarse México.

La pandemia se mantiene, los discursos vacuos persisten, lo mismo que el empeño de las autoridades por ponderar el dinero sobre la salud, de ahí que lo único que nos queda es la esperanza de que esto acabe.

Botón volver arriba