DE LAS ESTAMPITAS, LOS MILAGROS Y EL EMPECINAMIENTO

Por Luis Pinal Da Silva

No es cosa de risa y mucho menos de chacoteo, pero es difícil entender lo que pasa en México con la pandemia del Sars-Cov-2, ya que mientras en Europa, varios países, entre ellos Francia e Italia, están prohibiendo el acceso a transporte público y otros servicios a quienes no se hayan vacunado contra el Covid, en nuestro país se sigue alimentando la estupidez masiva.

Si bien habrá genuflexos que señalen que la medida muestra la desesperación de los gobiernos de ambos países por detener el tsunami de contagios de Covid que amenaza no solo con colapsar sus sistemas de salud sino la economía en general, lo cierto es que debe verse en su justa dimensión, como una actitud responsable ante algo que no puede dejar de decirse: el valemadrismo de la gente.

Y hay que observar que ningún país se salva de esta escalada descomunal de contagios; Estados Unidos ha tenido días que superan el millón de contagios diarios, pese a las recomendaciones del Gobierno por usar el cubrebocas y mantener una distancia razonable, ya ni siquiera sana.

Pero en nuestro lindo México, bajo el lema presidencial de “prohibido prohibir’’, se ve lejana la posibilidad de que se adopten medidas de coerción para obligar a vacunarse a quienes no lo han hecho.

Vamos, el Gobierno mexicano ni siquiera ha podido establecer como obligación el uso de cubrebocas gracias al estéril debate, generado desde el púlpito presidencial, sobre la utilidad del mismo, a pesar de que el propio Presidente ha dado positivo en dos ocasiones.

Con contagios que ubican entre los 9 mil y los 10 mil casos diarios en la capital del país, el inútil semáforo se mantiene en verde, como si no pasara nada.

Pero – ojo Hugo López-Gatell Ramírez – sí está pasando y posiblemente los efectos se verán más adelante, máxime que la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum Pardo, engolosinada con su ego inflado, ha relajado las medidas que paliaron las primeras olas de contagios, como el uso obligatorio del cubrebocas en el transporte público, que es el lugar donde mayores contagios se registran, o su sanitización constante.

Y hay que atender al hecho de que los vagones del metro circulan con las ventanas arriba sin que nadie se moleste en bajarlas; hay un descuido criminal en las medidas de prevención u contención de la pandemia.

El pretexto es que la variante Ómicron “no mata, nomás taranta’’, y se presume como un éxito de Gobierno el hecho temporal de que “no se ha incrementado el número de muertos’’ “ni se ocupan las camas de terapia intensiva’’.

Los ciegos de la 4T parecen no querer ver que los países más desarrollados están elaborando un pasaporte Covid para todos sus ciudadanos y para quienes ingresen a sus territorios. Ante ello huelga preguntar si existe propuesta de nuestro gobierno para frenar el incremento exponencial de enfermos.

Tantos años gritando y señalando para ahora cerrar los ojos. No se vale.

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