EL LINCHAMIENTO ANTE EL FRACASO DEL ESTADO MEXICANO


Por: Manuel Narváez Narváez

Es muy peligroso hasta dónde están llevando la justicia de propia mano en algunas poblaciones del país.
En el municipio de Acatlán, en Puebla, una turba prendió fuego y quemó vivos a dos presuntos “robachicos”, frente a una multitud enardecida que al parecer disfrutó del bizarro espectáculo y cómo la policía, cómplice o no, se mantuvo al margen.
No es el primer hecho de esta magnitud, ni será el último, desgraciadamente. Lo que sí, es que este tipo de linchamientos aumentan cada día y con mayor frecuencia en comunidades rurales o poblaciones con alto grado de marginación del centro, occidente y sur del país.
Las imágenes me remontaron al 2004, cuando tres policías que realizaban labor de inteligencia contra el narcotráfico, eso dice la versión oficial, fueron linchados en el poblado de San Juan Ixtayopan, en la delegación Tláhuac.
El entonces secretario de seguridad pública del D.F., Marcelo Ebrard y el jefe de gobierno, Andrés Manuel López Obrador, lamentaron los hechos y justificaron la tardanza de los cuerpos policiacos que no llegaron a tiempo para rescatar a sus compañeros por la dificultad de acceder entre la turba que rebasa las dos mil personas.
Párrafos anteriores señalé que estos casos son más frecuentes en estados aledaños a la hoy CDMX. Con esto no pretendo estigmatizarlos. Creo vale la pena profundizar, no sólo en el criminal abandono institucional que ha orillado a millones de mexicanos vivir bajo el terror del crimen organizado, sino también en las costumbres ancestrales de esas regiones, para comprender el por qué de este comportamiento.
De ninguna pretendo minimizar las barbaridades que cometen las bandas delincuenciales en el norte de México. En Chihuahua, en estos tiempos de la administración fallida están eliminando supuestos “robachicos”, por lo que seguido aparecen cadáveres con signos de tortura. Como si fuese un servicio de limpia de cortesía a la comunidad.
Los pretextos para linchar a presuntos criminales son diversos. Los más comunes son los que habrían cometido violación, secuestro, robo de menores y ladrones consuetudinarios.
Las formas utilizadas son variadas y despiadadas. En todos los casos son atados de manos, de pies y/o a un poste, donde los apedrean, golpean con palos, rocían con combustible y les prenden fuego. En ciertos casos los cuelgan o arrastran por caminos, brechas y calles.
El mensaje es directo, advertir a los criminales comunes, porque no se dan casos, o casi no hay, de huachicoleros, narcomenudistas y capos de la mafia lapidados o linchados.
Pocas veces los incitadores o responsables han sido llevados a juicio. Así, el Estado reconoce su fracaso de proteger a la sociedad y de ofrecer mejores condiciones de vida a los pobladores de estas comunidades y poblaciones. Es el círculo prefecto para la impunidad.
En el caso particular que nos ocupa, las grotescas imágenes circularon a la velocidad que permiten las redes sociales. En los comentarios destacaban los que aprobaban el linchamiento. Algunos sondeos levantados por medios informativos regionales se inclinaban favorablemente por el merecido a los presuntos “robachicos”.
Otro ejemplo, hace un par de semanas, en el estado grande (Chihuahua), se viralizó un audio en el que se alertaba a la población del supuesto robo de 20 niños diarios. El tema es muy sensible por los casos recientes de desaparición de menores e infantes, que han sido localizados sin vida y con signos de violación. Es claro que se están aprovechando del momento para generar psicosis entre la población, particularmente en los padres de infantes.
La voz femenina del audio con acento de estas tierras, despliega con soltura un guión digno de película. Aparenta ser familiar de una jueza para legitimar su versión y desencadena la psicosis pretendida entre los usuarios de las redes sociales. Extrañamente dicho audio parece estar confeccionado para este estado. La policía cibernética debe estar trabajando para identificar a la de la voz y el origen del audio.
Entiendo que la indignación de la sociedad por el asedio de los crímenes de alto impacto como el secuestro, desaparición de personas, robo de niños y afectaciones patrimoniales, es legítima. Sin embargo, dudo que estas formas y estos métodos vayan a disuadir a los criminales o a disminuir delitos en comento.

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