LA MANO DURA DEL RÉGIMEN

Por Luis Pinal Da Silva

Está visto. Todo el mundo lo siente, lo advierte, lo palpa. El poder presidencial de este régimen ha decidido quitar de su camino cualquier institución o disposición legal que estorbe en el objetivo de imponer la visión personalísima del Presidente a la que, en términos propagandísticos, le llaman la Cuarta Transformación.

Se podría creer que es algo inherente a los gobiernos en turno y que lo que hacen, bien o mal, es “natural”.

El problema radica en que, cuando dicho a poder presidencial se le atraviesa la competencia de otro poder o de algún órgano autónomo, es ahí cuando se eleva la apuesta hacia la radicalización y el ataque a las instituciones.

Insisto, todos lo hemos advertido y si alguien no lo ha visto, pues qué lamentable.

Y en este tenor, la falta de resultados, que ha decepcionado a muchos de los seguidores de este régimen, empeora esa determinación de elevar la apuesta de radicalizar las formas de la 4T.

Empecemos por advertir que una llamada de atención para el régimen llegó con los resultados electorales de las pasadas elecciones federales, en especial en la capital del país, donde la derrota de Morena implicó ponerle un punto final al estilo de la jefatura de Gobierno que intentaba Claudia Sheinbaum Pardo para hacerla regente de una sucursal de las formas de Palacio.

Este domingo estará la consulta de la mal llamada revocación de mandato, donde advertimos que se ha quitado la careta el secretario de Gobernación, quien dejó su breve labor de interlocución con los actores políticos opositores para convertirse en el jefe de campaña de López Obrador, por ahora, de la consulta del domingo, pero previsiblemente de la elección del 2024.

El uso de aviones militares para hacer mítines de Morena, como los del fin de semana pasado por parte de López Hernández, o lo que sucedió la tarde de este miércoles en el monumento a la Revolución, con Claudia Sheinbaum Pardo en primera fila, son retos abiertos directos a la legalidad y a las instituciones.

El problema es que ellos detentan el poder y saben, perfectamente, que pueden pasar por encima de las leyes, porque es el ejemplo que reciben cada mañana desde las conferencias presidenciales y porque saben que no tiene ninguna consecuencia.

Y hete aquí el punto: el marcado giro a la radicalización de la gente del Presidente.

Ello se da la víspera de la consulta del domingo que será el banderazo de salida para arrancar formalmente la campaña de intentar eternizar a la 4T, con o sin López Obrador al frente, pero sí con todo el uso del Estado para ello.

Y el día 11, el lunes después de la consulta, vendrá la etapa de demolición del Instituto Nacional Electoral, con una campaña de desprestigio total.

Al final del día, lo que está en juego es México. Y pensar que muchos llegamos a creer que el horizonte para los mexicanos sería el mejor con la llegada del tabasqueño.

Vaya chasco que nos llevamos.

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