EL CAMINO DE LOS ASPIRANTES

Por Luis Pinal Da Silva

La consulta ya pasó y se está dimensionando lo que nos ofrecieron como una alternativa y que, en realidad, se constituirá en un grillete para quien, en el futuro, aspire a gobernar a los mexicanos.

No fue un ejercicio pensado para ver si el que actualmente despacha en Palacio Nacional se va. La idea, preconcebida como algo interesante para los mexicanos, fue en realidad un ariete de dos frentes, para medir a quienes buscan suceder al rey en el trono y para colocar una camisa de fuerza al que llegue.

Así, a los gobernadores, legisladores y operadores políticos de Morena, no les interesaba el resultado de la consulta de revocación porque de antemano sabían cuál sería.

Lo que realmente les preocupa era los números que ofrecerían, como ofrenda, al Tlatoani, porque de ello dependerá si pasan al Olimpo de los demócratas o al infierno de los enemigos de la nación – o sea de Morena y la 4T -.

Lo que vimos a través de las transmisiones de televisión, resultó más que elocuente: una participación importante en las casillas especiales – donde podían votar los que no eran del lugar – y muy poca – a veces nula- en las casillas ordinarias.

Evidentemente el resultado de este enfrentamiento de López contra López, se inclinará mayoritariamente por la continuación del Presidente, pues que se recuerde nadie había pedido que se fuera.

El punto está en dónde se registraron más votos y en donde menos; hay incluso un mapa de los 300 distritos electorales y los responsables de cada uno de ellos para llamarlos a cuentas una vez conocido el número de participantes.

La expectativa de la oposición era saber cuántos mexicanos participaron pues esta es una forma de medir la capacidad de movilización de Morena de cara a las elecciones de junio próximo.

Y evidentemente, cómo les fue a las “corcholatas’’ presidenciales, quienes sin el menor recato, continuaron pasando por sobre la legislación electoral y la Constitución sabedores de que una sanción como la anulación del ejercicio revocatorio les convendría porque les daría tema para la mañanera por varios meses.

Ya sabemos que ganó López Obrador; lo que no sabemos es qué pasará después de esta jornada que no fue lo que él y los de su partido esperaban, ya que la participación fue baja, muy baja.

Huelga señalar que jamás aceptarán que hubo acarreo, compra de voto, intimidación a los adultos mayores, cinismo al extremo.

No, jamás lo aceptarán, porque para ellos, el camino debía nutrirse de mexicanos ávidos de alabar y loar al rey del Palacio, para que el todopoderoso se digne en posar su mirada en su mejor alumno y señalarlo con el dedo para que sea ungido como su heredero.

Lo malo, si es que hay algo más malo en esta historia, es que los opositores no tienen nada con qué bajar las ínfulas del Tlatoani.

Quizá cuando de vaya y deje a su sucesor, ya que se da por descontado que la tribu guinda se fragmentará en mil pedazos y, con ello, la opción de quitarlos del poder, sería factible, pero habrá que esperar nueva años, al menos.

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