EL LABIÓN DE AMLO

Por Luis Pinal Da Silva

De López Obrado se ha dicho que tiene especial renuencia a viajar al extranjero – quizá por temor a que se caiga el avión -, pero, a fuerza de ser presidente, debió emprender un nuevo viaje, ahora hacia zonas donde se sentirá como “peje en el agua”.

Posiblemente “le pueda” estar en lugares fastuosos, donde los políticos suelen vestir ropa de marca y perfumarse profusamente, mientas él es un hombre de selva, de playa, de montaña. Vamos, es tipo Tarzán.

Quizá por ello en esos ambientes que le desagradan ha incurrido en gazapos propios de su salvajismo, de su primitivismo y, por tal razón, elogia a Mussolini en la ONU, o hasta decir en el G-20 que las mujeres, que cuidan a los viejitos, son nuestra primerísima institución de seguridad social o llamando “presidente Kabala” a Kamala Harris.

Definitivamente, este tipo de lugares lo marean y propician sus equivocaciones, pero el olor a platanares y autocracia lo revitalizan. ¿

Entre hombres fuertes que hablan español, nuestro líder está a sus anchas, a pesar de que sean una pléyade de malas personas.

La única salida que ha tenido es a Estados Unidos, y no estuvo mal, ya que empató – por no decir que se mimetizó – con el entonces presidente Donald Trump.

Ahora anda por Guatemala e irá a Honduras, Belice y, sobre todo, dos autocracias como Dios manda: El Salvador, con Nayib Bukele, y Cuba de Raúl Castro y Díaz-Canel.

Imaginemos un diálogo con Nayib Bukele, presidente-dictador de El Salvador: “Fíjese qué injusto, Nayib. A usted le critican que fotografíe a los criminales con tiro de gracia para burlarse del cadáver en redes y a mí que libere a los narcos y les agradezca su buen comportamiento. No hay manera de quedar bien, ¿verdad? o como diría el Licenciado Peña, ningún chile les embona”.

Y a Miguel Díaz-Canel le diría con seguridad que estamos a sus órdenes para lo que requiera.

López Obrador dejará un día la presidencia, pero en tanto, sus viajes a países donde se siente como en casa se intensificarán y ya pronto lo veremos en Nicaragua, para pedirle a Daniel Ortega que les diga a los Mejía Godoy que toquen un son para que cante su esposa Beatriz; o en Venezuela con seguridad le dirá a Nicolás Maduro que le muestre “el pajarito con que habla”, para ver si se puede comunicar con Chávez.

México está mal, mientras “el labión” de López Obrador andará de gira por los paraísos tropicales o, mejor dicho, por los paraísos bananeros.

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