SHEINBAUM, UNA MALA COPIA

Por Helga Kauffman

Claudia Sheinbaum Pardo ha cavado su propia tumba. Una serie de despropósitos, que minan su brillante carrera académica, la han convertido en el hazmerreír en el mundo entero, puesto que ha dado en convertirse, o mejor dicho, querer convertirse en la copia femenina de Andrés Manuel López Obrador.

Pero la científica ha errado el camino, porque para ser “chistosina”, grandilocuente y fanfarrona con gracia, como el tabasqueño, no le alcanza con lo que le resta de vida.

Empeñada en creerse la bendecida por el mandatario para ocupar la silla presidencial, le ha dado por encabezar mítines de “apoyo” a candidatos morenistas a gobiernos estatales y, la verdad sea dicha, no lo hace nada bien.

No hay que olvidar que el Gobierno de la Ciudad de México llevaba cierta trayectoria propia y que la jefa de Gobierno mostraba un relativo margen de maniobra frente a Palacio Nacional para plantear algunas de sus ideas en la capital del país.

Pero, amén de esos distractores con los que se empeña en creer que ella “es la buena”, se ha olvidado de gobernar y tuvo que llegar una gran crisis para demostrar que, al final, más que jefa de Gobierno, Sheinbaum Pardo había revivido la figura del Regente de la capital del país.

La caída de un tramo elevado de la Línea 12 del Metro de la Ciudad de México fue un desastre humano, que había estado precedido de otras tragedias en ese mismo sistema de transporte derivadas de la falta del correcto mantenimiento.

Ese derrumbe no daba margen para echarle la culpa a nadie que no viva hoy en día bajo el manto protector del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Así que no quedó más remedio a la 4T que asumir la defensa de sus “corcholatas” desde la cabeza de su movimiento y el propio López Obrador metió el cuerpo para cobijar, en especial a la jefa de Gobierno, y darle espacio para la supervivencia política.

Claro, la factura del mal Gobierno que es este y el incidente de la Línea 12 pasaron factura en las elecciones intermedias del año pasado y eso le costó al Gobierno de Sheinbaum replantear cualquier iniciativa personal de cómo administrar la Ciudad de México para convertirse en una simple caja de resonancia de lo que diga y haga López Obrador.

En ese modo de supervivencia estaba la que, sin duda, es la favorita del presidente para sucederle, cuando Claudia Sheinbaum decidió tomar un inexplicable camino de debilitamiento político.

La jefa de Gobierno contrató con recursos públicos a la empresa internacional Det Norske Veritas (DNV) para hacer un peritaje externo de lo que ocurrió en esa Línea 12.

En términos de la agenda electoral todo iba bien en las dos entregas del informe, porque el más afectado era su contrincante interno Marcelo Ebrard, pero el tercer y último informe tenía algo que hizo que Sheinbaum explotara y actuara de manera impulsiva y las descalificaciones y amenazas de demandas a DNV por la tercera parte del informe generaron curiosidad por saber qué la hizo reaccionar de forma tan autoritaria.

Y no pasó mucho tiempo para conocer esa tercera parte del informe. El diario español El País, tuvo acceso a ese complemento del trabajo de DNV y, sí, muestra fallas en las inspecciones y en el mantenimiento.

El problema es que a esa posible negligencia de su Gobierno se suma la reacción autoritaria.

Sheinbaum, sin duda, perdió el piso, la dimensión de las cosas y ha quedado como una mala copia de quien la ve como prescindible.

 

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