MÉXICO EN LA SIMA

Por Helga Kauffman

No es retórica, es la verdad, nuestro país se encuentra, gracias a su gobierno, en la sima – un pozo muy profundo formado a partir de una fisura o grieta – donde se advierte con facilidad que no basta con ser carismático, ni tener una labia envolvente para llevar a buen puerto la vida de más de 128 millones de mexicanos.,

Es claro que la tan cacareada “estrategia” de abrazos, no balazos, no ha funcionado, no sirve, es una tontería, es mercadotecnia burda, es un gazapo de quien piensa que es un iluminado.

Lo malo es que al que se le ocurre criticar los malos resultados en materia de seguridad pública, recibe una respuesta cargada de los lugares comunes de la llamada 4T, de los insultos habituales del Presidente, mientras se deteriora la vida social en el país.

No hay duda de que van a ser muy altos los costos de la descomposición social y el abandono de cualquier estrategia de combate a la delincuencia organizada, aunque se tome la determinación – lo dudo – de rectificar la estrategia a todas luces fallida. La delincuencia organizada está desatada y será muy difícil de controlar los alcances que tiene.

Y las escenas ya nos parecen normales, cómicas, o tragicómicas que sería mejor, con militares correteados por los delincuentes, o los retenes de la delincuencia organizada que no ve mal el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Es esa terrible vista gorda de la 4T ante los feminicidios y en general la actitud pasiva del Gobierno ante el crimen.

Eso es algo que hoy pueden ver con claridad hasta sus propios seguidores y así queda de manifiesto en las diferentes mediciones que se hacen de la percepción de la inseguridad.

El Gobierno Federal, Andrés Manuel López Obrador, no está dando resultados y eso ya lo pueden ver hasta sus más fieles seguidores y ahí están los números.

El 66.2% de los ciudadanos, consultados en la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana del primer trimestre de este año que hace el INEGI, considera que es inseguro vivir en sus ciudades. Y seguro que, bajo los parámetros de estigmatización social de la 4T, esos 7 de cada diez mexicanos no son conservadores.

Y poco ayuda al Presidente en su imagen atacar tanto a los médicos mexicanos y apapachar en sentido contrario a los seres humanos que solo son criminales, porque en las mediciones de popularidad de López Obrador se deja ver que hay una percepción negativa de su trabajo en materia de combate a la inseguridad.

En la encuesta habitual que hace Consulta Mitofsky la popularidad presidencial ha caído en picada, porque la paciencia se acaba, la inflación sube, el dinero no alcanza y la inseguridad es creciente.

El 50% de los encuestados en un sondeo de popularidad de López Obrador cree que la inseguridad ha empeorado, contra un 23% que piensa que estamos mejor. Esa misma encuesta ya le da solo el 54.6% de aprobación a un Presidente que hace apenas seis meses tenía una aprobación del 66%.

Muchas zonas del país están tomadas por la delincuencia organizada, estados completos califican como estados fallidos y lo que hace el Presidente es enojarse porque la sociedad hace escándalo solo porque los delincuentes imponen retenes en el Triángulo Dorado, donde no hay presencia del Ejército, y amenazan y deciden quién tiene derecho a transitar por los caminos del país.

La respuesta de López Obrador son los mismos lugares comunes de costumbre, que si Calderón, que si García Luna, que si los conservadores, en fin.

La diferencia es que parece que la paciencia de feligreses y detractores ya se agotó ante tal nivel de violencia, ante una realidad que va más allá de un discurso político que no sirve, que ya no convence. Un discurso político con tufo rancio pero que, por desgracia, se puede tornar más peligroso para quienes no quieran aplaudir las idioteces del inquilino del Palacio Nacional.

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