AGUA Y ACEITE, SINÓNIMO DE FRACASO

Por Helga Kauffman

Es necesario preguntar si los resultados de este domingo llevarán a la oposición a replantear la Alianza rumbo al 2024, o si seguirán empeñados en creer que podrán borrar, a base de declaraciones, su debacle.

Acusaciones se dieron antes, durante y después de la jornada electoral donde Morena se alzó con el triunfo en cuatro de las seis gubernaturas donde quizá pesó más en el ánimo de la población el hastío sobre los cuestionamientos, toda vez que quienes los emitieron – de uno y otro lado – están cortados por la misma tijera.

En algunos casos los señalamientos y las aseveraciones sin pruebas de por medio, fueron tan tardías, extrañamente tardías, como la que hizo el ex candidato presidencial del PRI, Francisco Labastida, quien declaró que en 2018 su partido hizo un pacto que, a través de los ataques al entonces candidato del PAN, Ricardo Anaya, ayudó a ganar la Presidencia de la República a Andrés Manuel López Obrador.

Pero no fue el único que dejó la sospecha de la presunta relación entre la delincuencia organizada y el Gobierno Federal en el preámbulo de las elecciones, ya que el todavía morenista Porfirio Muñoz Ledo acusó a su “amigo”, el presidente López Obrador, de tener una alianza con el narcotráfico.

Insisto, todo se dio en la antesala del proceso electoral para renovar seis gubernaturas, que tuvo lugar este domingo en Tamaulipas, Aguascalientes, Durango, Hidalgo, Oaxaca y Quintana Roo.

Y es que el mensaje de fondo de una posible alianza entre cualquier Gobierno y la delincuencia organizada es gravísimo; si bien desde el proceso electoral de 2018 se observó y documentó la intromisión de estos grupos de poder durante las votaciones, no se habían tenido acusaciones tan directas en contra del Gobierno Federal.

Aquí cabe mencionar que la organización Desarrollo, Educación y Cultura Autogestionarios informó que entre un 30 y 35% del territorio mexicano fue impactado por la presencia de la delincuencia organizada en el proceso electoral del 6 de junio de 2021 y que la injerencia de las bandas criminales en las campañas electorales aumentó en relación con la elección de 2018, al pasar de 28 a 42%.

Tan sólo en la elección de 2021, la Junta Local del INE en Sinaloa confirmó que grupos armados se robaron 51 casillas que habían sido instaladas en los distritos 02, 03 y 04 de los municipios de Ahome, Guamúchil y Guasave.

Pero más allá de las acciones emprendidas el día de la jornada electoral, lo verdaderamente peligroso y grave es el financiamiento a las campañas electorales; en el proceso del domingo reciente, incluso se acusó que la elección en Tamaulipas en realidad no era entre dos candidatos, sino entre dos organizaciones criminales; lo que difícilmente se podrá confirmar.

Lo cierto es que la ciudadanía es la que tiene la última palabra al momento de elegir a sus gobernantes y así se demostró en las elecciones de este domingo.

Mientras tanto, ya veremos si en 2024 se comprueban las acusaciones de Labastida y Muñoz Ledo o sólo estamos viendo un nuevo nivel de guerra sucia.

Lo que sí queda claro que el agua y el aceite no se mezclan y si los partidos de oposición insisten en mantener una alianza contra natura, lo más posible es que no logren mas que perderse en su egolatría y con ello develar un nuevo PRI de color guinda: Morena.

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