DE AFANES Y VIOLACIONES LEGALES

Por Helga Kauffman

Tan ensimismados nos encontramos con lo que pasa con la Selección Mexicana de Futbol, que ya ni nos acordamos que hay miles de niños con cáncer que no tienen medicamentos, ni nos damos cuenta de los movimientos políticos que se gestan frente a nuestra nariz.

Incluso ese marasmo, llega con fuerza a los morenistas, que pareciera que no registraron que el domingo inició la marabunta guinda en el Estado de México para arrebatarle al PRI del bastión – política, social y económicamente hablando – más fuerte que le queda.

Pareciera que nadie reparó en los precandidatos a la gubernatura del Estado de México, a cuyo nombre – se dijo – Morena realizó la primera pasarela pero, por desgracia para las aspirinas mexiquenses, quedaron relegadas a un segundo plano porque en ese evento estaban las corcholatas presidenciales.

Les valió la evidente violación a la legislación electoral y con toda impunidad las corcholatas se apropiaron del escenario, de las miradas y los gritos desaforados de quienes creen que éstos personajes voltearán a verlos si consiguen su objetivo.

Pero llama poderosamente la atención la impunidad con la que las tres corcholatas estelares se descobijaron el domingo, en un franco reto a la autoridad electoral que obligada está a tomar nota de todas las sanciones que sea menester aplicar.

Y si bien preocupa el desdén por las leyes, preocupa también que los precandidatos morenistas se olvidan que son servidores públicos y se lanzan a una campaña con año y medio de anticipación en demérito de sus responsabilidades.

López, el de Bucareli, dejó de ser un interlocutor válido para la oposición y para muchos grupos sociales que se han sentido agraviados por decisiones de esta administración y ni qué decir de Claudia Sheinbaum Pardo, la jefa de Gobierno de la Ciudad de México que se ha convertido en el ajonjolí de todos los eventos de Morena.

Y en el caso de Marcelo Ebrard Casaubon, él ha tenido que asumir posiciones en las que no cree o en las que no está de acuerdo para no quedar fuera de la carrera.

Cabría preguntar por qué razón la presidencia – o mejor dicho, el presidente Andrés Manuel López Obrador – ha impulsado tal desaseo. Cuál es su prisa para adelantar el proceso de selección en su partido – o mejor dicho, para jugar con las ilusiones de varios – toda vez que es sabido que su dedo determinará al candidato.

Será el sereno, pero el hecho es que la legalidad está en entredicho; la situación política en México está en riesgo y, pareciera que, el único que se da cuenta es “el pueblo noble y sabio” que tanto mienta el presidente.

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