LOS CAMBIOS EN EL MÉXICO DE HOY

Por Luis Pinal Da Silva

Andrés Manuel López Obrador fue elegido por una mayoría, para un periodo de seis años y hay que aceptar que nunca engañó a nadie, pero ha fallado en proponer algo funcional en este cambio que pregona.

Con algunas maniobras de interpretación de reglamentos legislativos, este régimen consiguió una aplastante mayoría en la Cámara de diputados durante la pasada legislatura que se moderó en la actual, pero que nunca ha sido suficiente para modificar la Constitución.

México padece una destrucción autoritaria de muchas instituciones, pero la 4T mantiene la imposibilidad de meter mano a la Constitución. Y eso es lo que también hoy está en juego.

López Obrador se estrenó con la decisión de cancelar un aeropuerto que habría funcionado a la perfección y, a cambio, decidió tirar cientos de miles de millones de pesos a la basura en un aeropuerto lejano, inútil, que nadie quiere usar y que ya funcionando pierde dinero.

Otro golpe llega esta semana con el capricho presidencial de anular el Horario de Verano.

Resulta inútil discutir su utilidad y conveniencia, ya que todo se reduce a la vendetta de López Obrador porque alguna vez perdió esa batalla frente a Vicente Fox y hoy desde su posición da ese costoso golpe en la mesa y lo cancela.

Otro más es el juego de las corcholatas, que resulta una flagrante violación de las leyes electorales y denota un reto a la autoridad electoral para demostrar que no pasa nada.

Es como aquel voto de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que avaló la inconstitucional ley secundaria que modifica los principios constitucionales en esa materia.

Si pudieron hacerlo con la contrarreforma eléctrica, pueden aplicar su reforma electoral por encima de la Constitución.

Aunque siempre estará incompleta la obra si no logran meterle mano a la Carta Magna para eliminar cualquier estorbo a los planes del máximo líder del movimiento.

Cuando intentaron cohesionar a legisladores opositores para acabar con la reforma energética, solo lograron un traidor priista.

La fórmula que mejores réditos ha dado es pegar a la cabeza. Hoy esos embajadores y cónsules ex gobernadores de oposición avalan la utilidad del método.

Si bien “Alito” es indefendible, hay que atender al hecho que la posición de un presidente del Partido Revolucionario Institucional, que no se doble, ante el poder es indispensable.

El PRI es el talón de Aquiles de la oposición y desde la presidencia de un partido se designa a los coordinadores parlamentarios que saben qué cuerdas tirar para que los legisladores de su partido voten en un sentido o en otro.

Existen gobernadores que eligieron la plata de una embajada y a cambio dejaron entidades que hoy son gobernadas por Morena.

El plomo puede caer en la dirigencia tricolor, en la forma de una rebelión dirigida desde afuera que permita hacerse de esos votos necesarios para consumar eso que se llama la 4T.

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