LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ

Por Helga Kauffman

El prometer no empobrece, cumplir es lo que aniquila, y este dicho cabe bien en Andrés Manuel López Obrador quien, tras 12 años de hacer campaña, logró cristalizar su suelo: ser Presidente de la República.

El problema es que parece que no sabe lo que es gobernar a un país como México.

Y ante esa notoria incapacidad, se concretó en hacer afirmaciones como si contara con el termómetro adecuado para ello.

Terminar con la violencia en seis meses, barrer la escalera de arriba hacia abajo para terminar con la corrupción, tener un sistema de Salud como el de Dinamarca, construir el Tren Maya sin talar un solo árbol, otorgar cargos sin amiguismos ni compadrazgos, vender el avión presidencial, son algunas de las promesas que el Presidente no ha logrado cumplir a tres años y medio de su administración.

Y como no ha podido gobernar, López Obrador decidió seguir haciendo lo que mejor le sale: campaña.

Y en este sentido, con el objetivo de seguir distrayendo a los mexicanos de lo verdaderamente importante, como combatir a la delincuencia organizada, garantizar el abasto de medicamentos, atacar la corrupción entre los integrantes de su gabinete, el hombre de Macuspana decidió adelantar casi tres años su sucesión y, con ello, seguir promoviéndose, pero ahora bajo el amparo de otros.

Sin importar que al interior del movimiento que él mismo formó haya iniciado una batalla que podría convertirse en una cruenta guerra, López Obrador decidió destapar a sus posibles sucesores. Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard y Adán Augusto López son sus alfiles, quienes distrayéndose de sus responsabilidades han iniciado sus campañas rumbo a la Presidencia de la República y con el aval del Presidente, los tres servidores públicos han dedicado tiempo de su trabajo a hacer proselitismo.

La jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum Pardo, ha pedido en más de una ocasión que se le descuente el día por haber faltado a su trabajo para asistir a eventos proselitistas en otros estados del país, sin entender que una persona que gobierna, por lógica simple, no puede distraer sus tareas por actos políticos.

El secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, también ha ocupado su “tiempo libre” para hacer campaña y acudir a diversos estados del país y eventos donde le gritan que será el ganón.

Pero sin duda el que lleva más ventaja en estas campañas adelantadas, es el secretario de Gobernación, Adán Augusto López, quien aprovechando su calidad de encargado de los asuntos internos, viaja por todo el país para reunirse con gobernadores y diversos sectores de la sociedad, incluso ya hasta chistes hace en cada estado al que viaja.

Los favoritos del Presidente aseguran que no violan la ley y que, al acudir a eventos proselitistas y de partido, lo hacen en su tiempo libre.

Cabría preguntar: ¿Acaso los gobernadores y secretarios de Estado tienen tiempo libre?

Por 12 años, López Obrador no tuvo un encargo o un trabajo y se dedicó a hacer campaña para su promoción lo que, entre otras cosas, lo llevó a la Presidencia; por lo que hoy aplica la experiencia adquirida, pero en sus campañas y lo que debe hacer, y se comprometió a hacer, el viento se lo llevó.

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