LA QUINTA OLA PEGA A “CORCHOLATAS”

Por Luis Pinal Da Silva

Cuando se habla de que quienes detentan el poder, que cuentan con recursos para no sufrir penurias, se encuentran contagiados por Covid-19, es cosa para ponerse a pensar.

Imaginemos la escena en un país como el nuestro, con millones de personas que no cuentan con la posibilidad de atención médica básica, ya no digamos especializada, que se puedan ver afectadas. Posiblemente queden en el cuaderno de las estadísticas, pero nada más.

Sin embargo, los que detentan el poder no tienen ese problema. Y es el caso de las llamadas “corcholatas”, que se han infectado de Covid-19, lo que deja en claro sus debilidades, pero también un sistema de salud muy enfermo.

Ni esa situación hace cambiar las decisiones de los funcionarios, sobre todo el humorista Hugo López-Gatell Ramírez, para proteger mejor a la población.

Si bien este personaje que pasará a la historia como un merolico, acepta que la quinta ola va en ascenso, no se le ha oído que pedirá que se instrumente el uso obligatorio de cubrebocas en espacios públicos y de concentración.

Quizá no lo hace porque el mandamás desprecia el uso de este pequeño artefacto de protección.

Y qué decir de las famosas “corcholatas”. Marcelo Ebrard acaba de salir de su reclusión sanitaria, lo que le impidió asistir a actos de precampaña con disfraz de asambleas informativas, pero ya se encuentra en Corea firmando acuerdos, sin cubrebocas como se observa en las fotografías que boletina la dependencia a su cargo.

Claudia Sheinbaum también tiene poco de reintegrarse a sus actividades proselitistas, incluida su asistencia sabatina al acto de Dos Bocas, en Tabasco. Y a pesar de haber sido “tocada” dos ocasiones, sigue sin usar el cubrebocas, como se observó en la supervisión que hizo de los trabajos de la Línea 12 del Metro.

Adán Augusto López, el secretario de Gobernación, apenas este lunes anunció haber dado positivo, lo cual le permite continuar sus arreglos políticos y preparación de su campaña en privado.

La situación de éstos políticos de la llamada 4T debiera preocupar y ocupar a quienes dictan la línea de salud del gobierno, porque públicas han sido la inmensa mayoría de sus actividades y a ellas asisten los miembros del gabinete y en general, toda la clase gobernante.

Pero no pasa nada, son invenciones. Lo cierto es que ninguno de ellos acudió a instituciones públicas de salud a realizarse pruebas rápidas o PCR.

Además del privilegio de ser altos funcionarios y ser atendidos a domicilio, no acuden para no perder tiempo y algo más sencillo: las tomas oficiales están limitadas o suspendidas, acaso para no generar estadísticas de alarma.

Es cuestión, está sí de estrategia, para dar imagen sobre un supuesto buen manejo de la pandemia aunque ni el Presidente ni su gabinete estén debidamente resguardados.

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