TIRA LA PIEDRA… Y ESCONDE LA MANO

Por Luis Pinal Da Silva

Pablo Gómez Álvarez, titular de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), hizo lo propio, de acuerdo a su posición y, sobre todo, a su congruencia: dio a conocer que el organismo investiga al ex presidente Enrique Peña Nieto por lavado de dinero y delincuencia organizada.

Pero fue un mensaje. No hay nada más y, quizá, nada bien debió haberle caído a Pablo Gómez la declaración del Presidente de que “el Gobierno’ no presentará ninguna denuncia penal en contra de ningún ex presidente’’.

Ello, por determinación del Presidente excluye a Peña Nieto. No hay más. La determinación estuvo tomada desde el inicio de la actual administración, cuando Andrés Manuel López Obrador expuso que estaba agradecido con el ex mandatario porque no se había entrometido en las elecciones, lo que para muchos se trató de un pacto de impunidad.

Fue la semana pasada cuando el titular de la UIF acudió a la mañanera para informar sobre la investigación de la que es sujeto Peña pues, explicó, se habían detectado movimientos en efectivo, por algo así como 1.2 millones de dólares (26 millones de pesos), que supuestamente habían sido triangulados por familiares a las cuentas del ex presidente.

A partir de ese hecho se generaron cualquier cantidad de conjeturas, y se esbozaba la posibilidad de que ahora sí la 4T iba a emprender no una “cacería de brujas”, sino una serie de acciones legales en contra de todos aquellos a los que López Obrador metió en un saco y llamó “la mafia del poder”.

Pero hubo quienes consideraron que la bomba quedaría en “petardazo” y que Gómez Álvarez fue, sin él saberlo, un mero instrumento propagandístico.

Y tal parece que lo será, a juzgar por los dichos del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Peña Nieto seguirá gozando de una inmunidad que evidentemente genera sospechas, pese a que el propio Presidente niega que exista un pacto de impunidad con el mexiquense avecindado en España.

Algo pasó el fin de semana que el tono de López Obrador volvió a ser condescendiente con Peña Nieto, sin importar que, de paso, le haya restado autoridad a su “compañero’’ de lucha, Pablo Gómez.

Cuando se emprende el camino de “la conciliación”, del “perdón”, por encima de las leyes, del Derecho, se observa, por desgracia, que así no puede avanzar un país, una sociedad, porque a final de cuentas los políticos, los que detentan el poder, seguirán haciendo sus acuerdos “a oscuras”.

Quizá López Obrador piense que al concluir su mandato nadie lo molestará, sin advertir que está dejando “muchos muertos en el clóset”.

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