UNA REUNIÓN DESCAFEINADA

Por Luis Pinal Da Silva

Mucho se ha hablado de la reunión que sostuvieron los presidentes Andrés Manuel López Obrador y Joe Biden y pareciera que la encomienda es hablar de avances y de la facha del mandatario mexicano.

Sobre lo primero, resulta cuestionable que se hable de logros cuando lo que se esbozó fue algo así como “nosotros te llamamos”.

De lo segundo, pues resultó más que evidente que la elegancia, el porte, no le son inherentes al tabasqueño, quien vive acostumbrado a comer en fonditas que se encuentran a la vera del camino.

Pero lo de menos fueron los lenguajes corporales de fastidio del Presidente y la vicepresidenta de Estados Unidos, porque el fondo de la minireunión México-EUA en la Casa Blanca, solo buscaba fotografías que superarán aquella decisión de López Obrador de reventarle la IX Cumbre de las Américas al presidente Biden.

Y aunque la agenda bilateral tiene más pendientes que resultados y muchos de ellos muy urgentes, en Washington no se notó ningún interés o nerviosismo por encontrarle solución, quizá porque ambos presidentes se encuentran ya rumbo a la terminación de sus periodos de Gobierno, aunque Biden lleva las de perder porque no quieren su reelección ni la candidatura de la vicepresidenta ante el fortalecimiento de los republicanos y de Donald Trump, y el Presidente mexicano tiene capacidad para incorporar el factor EUA en la definición de la candidatura de su sucesor.

No hubo en Washington siquiera el interés por desahogar los temas más importantes del Tratado en materia de los cambios introducidos de manera práctica por el Gobierno mexicano y que afectan a empresas estadounidenses, porque la reunión del miércoles careció de alguna figura reguladora de la Casa Blanca, debido sobre todo al interés estratégico del presidente Biden en el G-7, la OTAN y las relaciones con Israel y Arabia Saudita en el escenario ucraniano.

En los hechos, Estados Unidos dejó el mensaje de que todas las controversias de seguridad, economía y geopolítica se tratarán en paneles especiales que están funcionando y que los presidentes en realidad no tienen demasiada influencia para resolver controversias.

Por ello la actitud distraída del Presidente estadounidense que en realidad bien no pudo haber sido una intención grosera ante su huésped, sino la acumulación de conflictos por el deterioro de la aprobación de su Gobierno.

Y esos son temas que al mandatario de la Unión Americana sí le son importantes, no lo que diga un presidente que se ha visto no ata, ni desata.

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