UN VIAJE SIN RETORNO

Por Helga Kauffman

Nadie puede afirmar que el viaje de Andrés Manuel López Obrador a Estados Unidos resultó benéfico para México y los mexicanos sino, por el contrario, hubo una serie de señales sobre el desprecio que en la Unión Americana sienten hacia el tabasqueño.

Hay que recordar la gélida recepción del presidente Joe Biden, así como la cancelación de reuniones con empresarios y la indiferencia absoluta de los medios de comunicación.

Ello deja en claro que López Obrador ha perdido la confianza de los factores del poder en Estados Unidos y, de hecho, consiguió algo que parecía imposible: hizo coincidir, por primera vez, a demócratas y republicanos en un tema de política exterior.

Y es que, una personalidad megalómana como la del presidente López Obrador necesita desesperadamente retar, insultar y provocar todo aquello que le permita tener secuestrada la agenda mediática lo cual no obtuvo allende la frontera.

Por ello, cuando regresó de “su triunfal viaje” se encontró, por toda respuesta, que Estados Unidos y Canadá llamaron, dentro de las reglas del T-MEC, a consultas previas por las disputas que las empresas de estos países tienen, en lo que consideran un incumplimiento de parte del Gobierno mexicano en materia energética.

Esto es un asunto más que serio, porque si fracasa esta fase de la negociación se convoca formalmente a un panel de controversias que, en caso de ser contrario a México, podría derivar en daños superiores a los 30 mil millones de dólares para nuestro país.

Pero ello parece no hacer mella en un personaje que está acostumbrado al reto, a la bravuconada, y eso no lo obtuvo en Washington, porque nadie lo retó, ni lo insultó, ni lo descalificó.

Lo que obtuvo fue una notificación formal, lo que para él es intolerable, razón por la cual, fiel a su estilo pendenciero, decidió retar a Estados Unidos con un video de Chico Che y una sonrisa burlona.

Pero tampoco le resultó. La respuesta del embajador de Estados Unidos en México, Ken Salazar, fue lo más escueta posible: “Hay que resolver la controversia energética con seriedad”. Nadie más en el Gobierno estadounidense emitió ningún comentario.

El colmo es que, en un golpe de inspiración patriotera López Obrador dijo que hasta el 16 de septiembre, en el día de México por definición, convocará a una mega asamblea popular y a mano alzada de sus súbditos decidirá el futuro de México – el que no levante la mano es traidor a la patria.

El nuevo héroe exigirá sacrificios extremos: pobreza generalizada, ruptura del T-MEC, crisis económica sin precedente.

Nuestro problema es que reaccionamos con rabia, pero no le respondemos al régimen con la Ley.

México, de forma soberana, firmó el T-MEC que tiene validez jurídica internacional y que tiene carácter supranacional. Es decir, que México está obligado ante sus pares -Estados Unidos y Canadá – a su estricto cumplimiento.

Fue ratificado por el Senado de la República – de mayoría morenista – y firmado por el presidente López Obrador. El Tratado se resume en dos palabras: es ley.

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