MORENA APOSTÓ POR EL DESCRÉDITO

Por Luis Pinal Da Silva

Los militantes del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) fueron a las urnas a fin de elegir a 3 mil consejeros distritales que deberán decidir el futuro de la organización política, claro empezando por quien será su candidata o candidato presidencial para el 2024.

Y aunque se decía antes de la jornada que se trataba del momento de renovarse o morir, de tratar de pasar de un movimiento netamente “caudillista” a organización política de altura, con procesos de selección democráticos y anteponiendo la certeza de la institución a los caprichos y berrinches de los líderes, pasó que no fue así.

No es un secreto que Morena se fundó por el entonces candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, con miras a las elecciones federales en México de 2012, agrupando diversos sectores de la población bajo, supuestamente como un movimiento apartidista, pero de inmediato se fue a la izquierda a pesar que nunca incluyó a los de la izquierda ortodoxa.

Desde hace siete años, es decir desde el 2015 se debió renovar el Consejo de Morena, pero claro al presidente y líder del movimiento, Andrés Manuel López Obrador no le había interesado, tal vez hoy tampoco, porque prefiere seguir mandando.

La elección que empezó el sábado y concluyó este domingo, tenía como objetivo el “Tercer Congreso Nacional Ordinario de Morena”, en el que además de la renovación de los estatutos del partido y la elección de los líderes locales, se definirá la ruta para elegir al próximo candidato presidencial de 2024.

Pero hay que atender al hecho de que en todos lados donde se registró la elección, permeó la obscuridad del padrón de militantes, ya que simplemente no se cuenta con un listado de militantes que dé certeza.

Lo que resulta inverosímil, es que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación permitió realizar afiliaciones exprés, casi sólo acreditando requisitos mínimos de militancia.

Y es que para muchos, el ser consejero de Morena puede ser el camino para tener acceso a cargos directivos estatales y nacionales y, en su momento, acceder a postulaciones a cargos de representación popular, por ello la importancia de estar en las boletas.

Como se comentó al inicio, esta renovación de órganos morenistas debió realizarse desde 2015, pero como estaba muy cerca la elección del 2018 y López Obrador no iba a permitir que nadie le arrebatara la postulación en el partido que creó para eso, se decidió posponer el proceso para enfocarse en la elección.

Sin consejo, casi de manera espuria, se eligió la dirigencia vía encuesta, de la que resultaron Mario Delgado como presidente y Citlalli Hernández como secretaria general, en un ejercicio que al principio se intentó impugnar, pero de pronto todos quedaron contentos.

Si bien este proceso del fin de semana es con miras a regularizarse, luego de casi siete años sin renovar sus órganos de dirección estatales y nacionales, también es un momento crucial para definir su futuro.

Hoy Andrés Manuel López Obrador está en el poder, en el 2024 es imposible que pueda de nuevo postularse, aunque en su corazón siempre se albergó la reelección, es importante que definan su futuro, y claro pasar de un caudillismo a un partido de múltiples opciones que le pueda dar mayor fortaleza como institución, y claro como una mejor opción al electorado.

Por supuesto que el presidente no se iba a quedar con las ganas de opinar y tratar de inclinar la balanza.

Aunque se afirme que “no hay malas prácticas y que el método que implementarán es democrático” no se pueden ocultar los movimientos y presiones que se han ejercido desde quienes están en la burocracia, principalmente en ese mounstro que se llama la Secretaría del Bienestar.

Es difícil, es más imposible, que el mismo presidente Andrés Manuel López Obrador reconozca que los fundamentos de Morena han fracasado, no su objetivo inmediato que era llegar al poder, pero sin la implementación de un nuevo modelo político económico, afortunadamente.

El avance de la llamada Cuarta Transformación ha sido lento, en muchas ocasiones se ha desviado; esa promesa de mejora social, económica y política que pondría a nuestro país en otro contexto bajo un nuevo modelo que se ha tratado de imponer y que al paso del tiempo ha demostrado que no se puede.

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