LA DEMOCRACIA GUINDA

Por Helga Kauffman

El fin de semana pasado quedaron claras las prácticas de Morena. La cooptación, la coerción, el acarreo, el pago por votos se hicieron presentes. Se trata de todos los vicios que se la pasan criticando al viejo PRI.

Era de esperarse algún comentario al respecto por parte del presidente Andrés Manuel López Obrador y a nadie debió sorprender que asegurara que se trató de un ejercicio democrático, donde hubo “eventos aislados” que fueron “magnificados” por sus adversarios.

Hablar de que se trató de “grupos ajenos, externos’’ que trataron de reventar la “ejemplar elección”, fue un sinsentido, ya que todos apreciaron, de una u otra manera, las luchas en lodo por el poder.

Las elecciones de los consejeros nacionales revisten importancia para Morena, porque se trata de una especie de politburó que será el encargado de decidir sobre las candidaturas a diputados, senadores, gobernadores y a la Presidencia de la República en 2024.

Obviamente todas las “corcholatas” tenían interés en colocar al mayor número de representantes de sus grupos en dicho Consejo.

Esa fue la razón del cochinero que atestiguamos, algunos en vivo, y otros a través de videos profundamente reveladores.

Y si bien el juicio del pueblo “noble y sabio” es de que perdió Morena, ello no bastará para que se ponga freno a todas las aseveraciones de que los malos son los contarios, los conservadores, los fifís, los emisarios del pasado.

La realidad nos permitió observar que Morena se trata de un conjunto de tribus dispuestas a todo por el poder.

Mario Delgado Carrillo, el presidente nacional del partido guinda, fue rebasado y no cuenta con estatura para asegurar que se trataron de intervenciones de grupos externos.

Aquí, queda más que claro que el gran perdedor, aunque festine un ejercicio de “altura”, es el presidente Andrés Manuel López Obrador, al permitir que Mario Delgado Carrillo siga en la presidencia de Morena cuando su incapacidad para contener o negociar con los grupos está comprobada.

Y perdió credibilidad el partido en el Gobierno de cara a su cruzada por una reforma electoral.

Si ni siquiera es capaz de organizar sus propias elecciones, ¿cómo la gente podría confiar en que fueran “los ciudadanos’’ los encargados de organizar un proceso tan complejo e importante que requiere un amplio conocimiento de leyes y reglamentos?

Al final, seguramente la elección de los consejeros morenistas terminará judicializándose, porque figuras señeras que dieron cohesión al movimiento cuando se conformó, quedaron fuera del Consejo, ya que se privilegiaron los intereses de Mario Carrillo Delgado y de Claudia Sheinbaum Pardo.

Lo ocurrido el fin de semana pasado, es una muestra de lo que un grupo considera que es la democracia guinda.

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