LAS CORTINAS DE HUMO Y EL TODOPODEROSO

Por Luis Pinal Da Silva

No hay que ser un mago para entender que las investigaciones en contra del ex presidente Enrique Peña Nieto, anunciadas por la Fiscalía General de la República, tienen como telón de fondo las elecciones del 2023 en el Estado de México y la presidencial de 2024.

Cualquiera puede advertir que se trata de pura pirotecnia, un amago para advertirle al mexiquense que se mantenga al margen del juego electoral.

Primero hay que atender al hecho de que las indagatorias de la Fiscalía no están concluidas y de hecho se informó que en los próximos meses podrían judicializarse, lo que implica que, más allá del combate a la corrupción, lo que el Gobierno busca es mantener a raya al mexiquense.

La Fiscalía y la Unidad de Inteligencia Financiera, son fieles escuderas de los deseos del inquilino de Palacio Nacional y, por tal razón, están dispuestas a investigar a todos los que busquen impedir los deseos presidenciales de pintar al país de guinda, a través de incondicionales que le sean leales más allá de 2024.

El pacto de no agresión entre López Obrador y Peña Nieto quedó en el olvido, ya que hay una razón más que poderosa para no cumplir con el: pintar al país de guinda, sabedor el todopoderoso de que al lograrlo estaría perpetuándose como el poder tras el trono.

Y si bien en la conquista por el Estado de México bien vale la pena lanzar dardos al ex presidente y a lo que queda del Grupo Atlacomulco para que no se interpongan en el camino de la delfina del Presidente, también lo es que la pretensión del tabasqueño es mantener el control político, social y económico de México.

Si lo vemos con detenimiento, advertiremos que los señalamientos contra Peña Nieto son fuegos artificiales, que buscan disfrazar las verdaderas intenciones de quien mantiene el control del destino de los mexicanos.

Andrés Manuel López Obrador, y quienes están muy cerca de él, que no son precisamente los miembros de su gabinete, entienden a la perfección que su trabajo está yendo en la dirección que diseñaron.

Muestra de que han sido sagaces, fue el experimento de la contienda interna de Morena, que dejo en claro que, a pesar de los señalamientos, no pasa nada. Todo queda en la mera anécdota, porque no existe poder que los sancione, los juzgue e impida que mantengan la barbarie en pos del poder.

López Obrador – no hay que perder de vista esto – no es un hombre de izquierda, mucho menos un progresista. Es una persona, un político, forjado en el viejo PRI, cuando lo que hacían era permitido, sin que nadie los censurara.

Quizá las redes sociales se han convertido en un instrumento que señala, advierte y condena. Pero no pasa de ahí.

Consideró, que difícilmente veremos al ex presidente Peña Nieto frente a un juez; lo que se hace, se dice y se desliza, es tan sólo un instrumento mediático, político y electoral muy redituable para el tabasqueño y lo que busca, que no es otra cosa que erigirse en el todopoderoso, en el hombre que hizo y deshizo a su antojo, y que también uso la necesidad, el dolor y la miseria del pueblo, como un escaño en su ambición.

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