LA GUERRA ABIERTA POR EL CONTROL

Por Helga Kauffman

En el tinglado se encuentran las reformas constitucionales y, al lado, el empeño del presidente Andrés Manuel López Obrador para concretarlas.

Y aunque el propio presidente reconoció que difícilmente alcanzará la aprobación de las iniciativas que se fijaron como prioritarias, su empeño es tal que a más de uno sorprenden, por no decir que asustan.

Y es literal la expresión, porque lo que se observa es el empecinamiento, más allá de una razón coherente, por desaparecer todo aquello, que a su juicio es pernicioso para México y los mexicanos.

En la Cámara de Diputados, los legisladores de Morena, PT y Verde, aliados de Morena y, por ende, del presidente, se están aplicando en la defensa de la iniciativa de reforma presidencial que llegó al Legislativo el 25 de abril, y que pretenden subirla al pleno en el periodo que inicia en septiembre, con el objetivo máximo de desaparecer a la autoridad electoral, el INE.

Del lado contrario, la oposición que conforman los partidos PAN, PRI y PRD integrados como Va por México, organizaron el Parlamento denominado “Construcción y defensa de la democracia y sus instituciones”, mesas de trabajo con hombres y mujeres comprometidas con el quehacer político, profesionales de las actividades político-electorales que están analizando las más de 40 iniciativas.

Y en todo ello hay diferencias. Entre los dos Foros de Parlamento abierto, es la desaparición o la defensa de las instituciones electorales y la invitación o no como panelistas a consejeros y ex consejeros del IFE o INE, que a partir de su construcción asumió la responsabilidad de organizar los procesos electorales como institución con personalidad jurídica y patrimonio propio, integrado por órganos ejecutivos y técnicos profesionales. La reforma presidencial cuestiona fundamentalmente lo oneroso del INE.

Por el otro lado, es la defensa de un organismo que se considera necesario para que la democracia en el país no se pierda en la marabunta guinda y se coloque a México en un estadio difícil de imaginar, con un poder totalitario que tiene tufo a dictadura.

Evidentemente no se ven señales de sumar voluntades para la formación de una nueva democracia.

Lo que sí está más que claro, es el peligro de que se rompa un esquema que, paradójicamente, sirvió a la 4T para erigirse en gobierno.

Son muchas las voces que se alzan, unas para defender lo que busca el presidente y las otras, que conforme pasa el tiempo se están constituyendo en mayoría, para evitar que se trastoque el sentido de democracia.

Quizá lo que era pertinente sería buscar que los cargos públicos no representen una carga tan onerosa para el pueblo, pero está visto que se ataca al de enfrente, mientras que en casa los salarios de los que se encuentran alienados, son tan o más elevados que los de los propios consejeros electorales.

En síntesis, lo que está latente es que México, como Nación, pierda lo poco que aun le queda.

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