DE CRISIS Y JUEGOS PERVERSOS

Por A.M. Pérez

México, por desgracia, padece otra crisis de violencia y los políticos, lejos de dar respuestas, se dedican a apuntar el dedo hacia otro lado.

En este tenor se encuentra el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien se muestra convencido de que los hechos se magnifican porque existe un complot de sus adversarios conservadores para perjudicar al gobierno.

En tanto, la oposición también entra al juego y asegura que los actos de intimidación a la población civil que ocurrieron en Jalisco, Guanajuato, Baja California, Chihuahua y Michoacán fueron orquestados por el gobierno de López Obrador para justificar la militarización de jure de la Guardia Nacional.

Ello, tanto lo uno como lo otro, son ridiculeces.

Lo malo es que existen personas que creen una de las dos versiones, cuando lo que se necesita es ser serios dada la magnitud del problema de inseguridad que nos envuelve a todos.

Hay que decirlo con claridad, la inseguridad lleva tres sexenios sin resolverse y lo malo de todo es que la clase política mexicana, de izquierda o de derecha, se encargan de decir mentiras.

Es imperante que todos se dejen de tonterías y se pongan a trabajar juntos, a efecto de dar a los mexicanos seguridad, dado que la tarea primordial que se tiene es precisamente ésa, dar seguridad.

Ya es tiempo de dar excusas y señalar a los que piensan diferente.

Basta de excusas y de apuntar el dedo a los de enfrente.

Los mexicanos llevamos muchos años sufriendo un deterioro en este tema. Sí, es cierto, a López Obrador le heredaron un país incendiado en materia de inseguridad, pero también lo es que no ha podido apagarlo.

De nada sirven sus reuniones de gabinete diarias; tampoco el que reparta carretadas de dinero en programas, y mucho menos que repita a cada instante la bobería de “abrazos, no balazos”.

Nada ha servido, ni que tuerza las estadísticas para presumir supuestas mejorías temporales, ni porque tiene una Guardia Nacional de más de cien mil elementos.

Ahí están los muertos de Calderón, los muertos de Peña y ahora los muertos de López Obrador.

Cientos de miles de mexicanos han sido asesinados en estos tres sexenios. Una carnicería que ha estado acompañada de olas de secuestros y extorsiones.

Lo malo es que parece que ya nos hemos acostumbrado. Lo vemos con normalidad. Pero, de vez en cuando, hay un crimen que nos cimbra. O vemos las escenas de delincuentes vestidos de militares incendiando tiendas, camiones y vehículos, además de disparar en contra de la población civil.

La prensa está llena de explicaciones estos días. Y los políticos se regodean echándose la culpa los unos a los otros.

Por favor señores, urge que sean serios, porque México ya no aguanta tantas falacias.

Botón volver arriba