CUARTO INFORME, O LA LISONJA DEL ESPEJO

Por Helga Kauffman

Este primero de septiembre, Andrés Manuel López Obrador emitió un mensaje con motivo de su Cuarto Informe de Gobierno. En el papel lucía como la oportunidad dorada del mandatario para dar a conocer lo que se ha hecho, pero sobre todo lo que se ha dejado de hacer.

En tono monótono, en ocasiones trastabillante, el tabasqueño hizo un recuento de lo que, a su juicio, es lo más importante que se ha hecho en un año.

Pero se trató de las cifras de siempre. Halagüeñas para sí mismo y que parece un elogio a sí mismo, es cuando dijo que el principal distintivo son los programas para el bienestar.

De hecho al afirmar que con ello se beneficia a más de 10 millones de mexicanos, pareciera que fue una burla mal hecha, dado que en el país somos más de 129 millones de habitantes.

Pero también habló que están empeñados en generar uno de los mejores sistemas médicos del mundo, y dijo que en tres entidades federativas se tiene más del 90 por ciento de abasto de medicamentos.

Y dijo que se ha reducido la incidencia delictiva, que no tiene menor duda de ello, y rubricó que “la paz es fruto de la justicia”.

López Obrador aseguró que a la fecha hay 21 millones 236 mil 800 trabajadores inscritos en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), 623 mil 330 más que al inicio de la pandemia de Covid-19.

Presumió una reducción en la desigualdad y de 2.4 billones de pesos adicionales gracias a los ahorros de su Gobierno.

Y siguió tejiendo en lo que – aseguró – se ha logrado, como la cancelación de la condonación de impuestos a grandes contribuyentes y otras medidas se logró un ahorro de un billón 700 mil millones de pesos y con el combate al huachicol, 200 mil millones de pesos.

Y siguió y siguió, sin más limitantes. Fue el momento de un hombre que, a pesar de lo que aseguró en su mensaje, navega en aguas turbulentas y si bien maneja una aceptación muy alta, pareciera estar consciente de que ello es un espejismo y que la realidad, que no acepta en sus arengas publicitarias de todas las mañanas, poco a poco lo va cercando.

Quedan aún 25 meses, constitucionales, del mandato de López Obrador y si bien él seguirá insistiendo en que todo está bien, para los mexicanos pueden ser los más difíciles y radicales de toda la administración, con todos los costos que ello puede implicar.

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