SIN VUELTA DE HOJA

Por Luis Pinal Da Silva

El debate de la oposición sobre la Guardia Nacional en el espacio de la Sedena será agotado y desgastado en el cumplimiento estricto de lo que dice la Constitución.

Pero dentro de ello se debe atender al hecho de que si ese modelo de seguridad sigue vigente o ha cambiado y requiere de una adecuación estratégica. Esto resulta primordial e inexcusable.

La insistencia presidencial de resguardar al nuevo cuerpo de seguridad de las inclemencias del poder corruptor de la delincuencia, debería ser atendida en función de lo que dice la segunda mitad del primer párrafo de la página 14 de la iniciativa enviada al Congreso:

“El riesgo que enfrentamos es sumamente delicado para el Estado mexicano, ya que el crimen organizado en nuestro país se ha convertido en una fuerza cuasimilitar que usa la violencia en contra de la población y de las instituciones públicas. Son grupos que desbaratan las buenas obras de la sociedad civil, son poderosos y representan intereses arraigados y el peso de una empresa mundial de miles de millones de dólares, pero no son invencibles”.

Si se aprecia, el escenario está muy claro: la estrategia de seguridad, la Guardia Nacional y el papel vigilante del Ejército tienen que ver con el crimen organizado que, como se ve todos los días, ha capturado espacios territoriales, instituciones y representaciones políticas del Estado y que por ello se requiere de la Fuerza Armada responsable de la seguridad nacional ahora en labores de seguridad interior, es decir, la obligación que tiene el Estado de garantizar la estabilidad social, el bienestar de la población, el Estado de derecho y la gobernabilidad democrática.

Ahora bien, si los legisladores de oposición no debaten el concepto de fuerza cuasimilitar del crimen organizado, entonces habrá que entregarles las llaves del Estado.

Ese es el punto toral, donde el análisis y el debate deben estar presentes, más allá de posturas políticas, puesto que el legislador debe tener muy claro que lo que está de por medio no es dar gusto al presidente en turno, sino velar por lo importante: la seguridad de los mexicanos.

Por ello es más que necesario que discutan con altura de miras, sin recelos, entendiendo que son representantes del pueblo, no de un grupo o camarilla política.

Es menester delinear bien lo que se busca y lo que no debe permitirse, porque la situación no admite medias tintas y, mucho menos, vendettas que no sirven para nada.

Es momento de crecer, de mostrar que en verdad el legislador entiende cuál es su papel y determinar de qué lado de la historia se colocarán.

Al final del día parece que lo que se atenderá no admite vuelta de hoja.

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