DEL ESTADO DE DERECHO A LA OBEDIENCIA CIEGA

Por Luis Pinal Da Silva

Es el presidente y, por ello, siente que nadie tiene derecho a expresar algo contrario a lo que él dice y manda. Es el presidente y por ello piensa que todos los mexicanos le deben obediencia y deben rendirle pleitesía.

Desafortunadamente, lo que no hace el grueso de los mexicanos, lo hacen los obedientes diputados al servicio del Presidente.

Eso es lo que Andrés Manuel López Obrador espera de todos. De la Suprema Corte y de todo el poder judicial, de los medios de comunicación, del INE o el Banco de México y del pueblo bueno.

López Obrador quiere un país alineado a lo que él piensa y decide y es más que obvio que cualquier posición diferente es corrupta y usará todo el poder que concentra como titular del Ejecutivo para combatir cualquier disidencia sin atender al hecho de que pensar diferente es el punto de partida de la democracia.

Baste recordar que él dijo hace días que a los ministros que propuso para el cargo ya no están pensando en el proyecto de transformación, ya actúan más en función de los mecanismos jurídicos. Un reclamo nada sutil que lo pinta de cuerpo entero.

Cuando logró doblar a cuatro ministros para que pasaran sobre el texto constitucional en materia eléctrica usó aquella frase de “no me vengan que la ley es la ley” y todo nos hace ver que lo que el Presidente quiere es un comportamiento generalizado al estilo de los 264 diputados de Morena, Partido del Trabajo y Partido Verde que aprobaron sin conocer, sin analizar, dispensando todo trámite legislativo el paquete de cambios en las leyes secundarias que militarizan la Guardia Nacional.

Obviamente al presidente le encantó esa actitud de sus diputados y ahora espera lo mismo de sus senadores. Si no ocurre, ya adelantó que habrá reacciones desde la mañanera.

En suma, de lo que se trata es de lograr esa obediencia general ante su proyecto llamado de Cuarta Transformación y cada vez abarca más aspectos de la vida nacional.

Incluso ha bordado para que este régimen se meta en los salones de clase de la educación básica a través del adoctrinamiento dogmático de los niños con su Nueva Escuela Mexicana, donde se pretende reescribir la ciencia y reprimir cualquier deseo de superación personal.

Pero lo del Ejército tiene otras dimensiones, ya que se busca que sean ya formalmente los policías del país.

Una policía militar en las calles no obedece a las reglas de la convivencia civil contempladas en la Constitución y a la que deben responder los cuerpos policíacos. Una guardia de militares responde a las órdenes jerárquicas castrenses, sin importar la naturaleza de esas órdenes.

La unanimidad que busca el Presidente para lograr la imposición de la estructura de país que llama Cuarta Transformación necesita de alineamientos mayoritarios, sea por una convicción emocional buscada con la propaganda o por una cohesión a través de diferentes medios.

No es a través de los consensos como se busca llevar adelante el modelo que el presidente López Obrador quiere para el país, es a través de lograr la obediencia a lo que él ya se tomó la molestia de decidir como lo mejor para todos.

Estamos en un camino sin retorno donde las aseveraciones de que “me equivoque” no tienen cabida y solamente esbozan lo que se busca en la realidad.

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