TODO SE FUE POR EL CAÑO

Por Luis Pinal Da Silva

Decir que “todo se fue al caño” puede tener dos puntos de vista. Por un lado, el de quienes advierten que no tendrán alternativas para mantenerse de la política y, del otro, aquellos que envueltos en escándalos lograron salir avantes.

Ello deriva en el nuevo amasiato entre el PRI y Morena, que está por enterrar a la casi muerta Alianza Va por México. Ni Alejandro Moreno, ni Rubén Moreira, respetaron la moratoria constitucional firmada con el PAN y el PRD, y se acercaron al Gobierno con el claro propósito de salvar sus cabezas.

El Gobierno necesita los votos tricolores para imponer su agenda. Sabemos que Morena y sus aliados obedecen ciegamente las instrucciones presidenciales de “no cambiarle ni una coma” a las iniciativas enviadas desde Palacio Nacional.

Pero en 2021, perdieron la mayoría avasalladora que les permitía mantenerse a distancia del PRI. Y como los tiempos cambian, ahora lo cortejan para que apoye las prioridades presidenciales.

La priista iniciativa de reforma constitucional para que el Ejército permanezca en las calles en labores de seguridad hasta 2029, fue un guiño que López Obrador les ha devuelto y que incluso podría detener las investigaciones por supuestos actos de corrupción en contra de Alejandro Moreno, presidente del PRI.

La aguerrida gobernadora de Campeche, Layda Sansores, detuvo su campaña en contra de Alito una vez que se confirmó el acercamiento con el Gobierno para abanderar las causas morenistas, como la militarización de la seguridad pública.

El problema será cuando la minuta llegue al Senado. La división interna del PRI podría detener esa decisión. Los senadores comandados por Miguel Ángel Osorio Chong anunciaron su voto en contra, lo que evitaría la mayoría calificada.

López Obrador tiene como prioridad mantener al Ejército en las calles, así, incluso, lo ha manifestado el secretario de la Defensa, Luis Cresencio Sandoval, quien llamó a los diputados priistas a sus oficinas de Lomas de Sotelo.

La decisión de una parte del PRI de aliarse con el Gobierno y con Morena es una estrategia jurídica y política. La primera para salvar el pellejo de sus principales dirigentes, la segunda para poder sobrevivir después del 24.

Sin el apoyo del Gobierno, el tricolor podría estar destinado a la marginación política-electoral. Necesitan de respiración artificial para sobrevivir y nadie mejor que López Obrador, quien puede destruirlo o salvarlo. Todo indica que será lo segundo, gracias a los acuerdos en lo oscurito de Alito Moreno.

Si no es aprobada la permanencia del Ejército en las calles, la batalla en el Congreso tendrá consecuencias. Los dardos del Gobierno podrían cambiar de dirección y de ser lanzados a Insurgentes Norte, ahora se dirigirían a las oficinas del Senado ubicadas en avenida Reforma.

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