DOS AÑOS PARA DECIR ADIÓS

Por Luis Pinal Da Silva

Andrés Manuel López Obrador es una figura irrepetible en la política mexicana; ha sido el mejor candidato presidencial que ha existido en la política contemporánea pero, por desgracia, no derivó en un Presidente memorable por sus éxitos.

Al contrario, los resultados hasta este corte de los cuatro años son malos, pero ese halo de popularidad que logra con su enorme carisma hace imposible a una mayoría el pedirle cuentas.

Estamos a dos años del fin de una administración que ha estado inmersa en la polémica, con un alto grado de aprobación gracias a sus conferencias matutinas, sin que haya alguien en el panorama político nacional, ni afín ni opositor al Presidente, que tenga la capacidad de mantener un ejercicio propagandístico diario y si lo hace va a fracasar.

Sea quien sea el próximo titular del ejecutivo federal tendrá la obligación de mantener canales de comunicación con la sociedad, ya que no puede haber un Enrique Peña Nieto atrincherado en Los Pinos, pero tampoco hay margen para otro López Obrador atacando a sus adversarios políticos desde Palacio Nacional.

Todo el tiempo hay muestras contundentes del uso de la comunicación presidencial u lo que no puede suceder es que el Presidente de la República use la máxima tribuna de comunicación del país para decir, a través de esa limitada señora que tiene los miércoles, que el hecho retrata la mentalidad de quienes llama sus adversarios.

El Presidente, lejos de acotar el exceso de su inepta vocera, ha explorado más el camino de la división y suelta a sus jaurías violentas en las redes sociales.

La habilidad propagandística y retórica del presidente López Obrador le ha permitido mantener un uso faccioso de la comunicación presidencial sin consecuencias.

Pero hay razones suficientes para estar seguros de que ese modelo se agota con su mandato dentro de dos años y un día.

Porque faltan dos años para que Andrés Manuel López Obrador deje de ser Presidente de México.

Eso lo dice la Constitución y no habría manera de que una ley secundaria, una chicana de la Suprema Corte o un ejercicio participativo que lo pueda cambiar sin que dejemos los cauces de la democracia.

Si todo sigue los caminos de la ley, estamos a dos años de que, necesariamente, cambie el tono cómo el Presidente de México se relacione con todos los demás.

Aunque las elecciones del 2 de junio del 2024 las ganara la corcholata favorita del Presidente, es imposible que, por más obediencia que tenga al actual mandatario, pudiera mantener ese estilo divisor, faccioso e inapelable de hacer y decir lo que quiera.

Es cuestión de tiempo y de ver que pasará con la comunicación y la no aceptación de errores, aunque hay que mencionarlo abiertamente: como López Obrador no habrá otro.

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