EL FUEGO Y EL JUEGO

Por Luis Pinal Da Silva

La reforma electoral se ha constituido en un gran problema, no sólo para el presidente Andrés Manuel López Obrador y los diputados, sino para los mexicanos en general.

Es claro que, en los términos que se ha planteado, no pasará y el fracaso se sumará al del rechazo a la reforma eléctrica.

La oposición decidió sentarse a negociar, lo cual de sí ya constituye un riesgo, bajo el argumento de que “no quieren ser responsables ni acusados’’ de evitar una reforma que fortalezca a los organismos electorales, el INE y el Tribunal Electoral.

La apuesta es arriesgada, si se considera que la iniciativa presidencial, firmada por Horacio Duarte y Pablo Gómez, contempla la desaparición del INE tal y como lo conocemos, el debilitamiento o la desaparición del Tribunal Electoral y la reducción del número de consejeros y magistrados, entre otros.

La oposición podría negociar un adelgazamiento de ambos órganos electorales, comenzando por la reducción de los miembros del Consejo General del INE y hasta de sus salarios, que ha sido el tema recurrente en los ataques de López Obrador al instituto.

Reducir dos en lugar de 4 (actualmente tiene 11), sería una negociación intermedia y ajustar sus salarios a la baja aún y cuando se ha demostrado que la masa salarial de los consejeros, incluidas sus prestaciones, no llegan ni al 1% del total del presupuesto anual del INE.

La oposición también podría negociar una reducción del financiamiento público a los partidos políticos, pero esta tendría que ser marginal y tendría que ser compensada con el incremento del financiamiento privado bajo nuevas reglas.

Son algunos puntos en los que la oposición podría presentar contrapuestas para destrabar la negociación, pero no se conoce aún si Morena aceptará un intercambio pues ya se sabe que la orden presidencial a sus soldados legisladores es que todo se apruebe “sin moverle una coma’’.

La pregunta es ¿resistirá la oposición?

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