UNA PIEDRA MUY TESTARUDA

Por Helga Kauffman

Hay que hacer memoria para poder juzgar a alguien: María del Rosario Piedra Ibarra, actual presidenta de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), hija de la activista mexicana, fundadora del Comité “Eureka”, Doña Rosario Ibarra de Piedra, llegó al cargo en medio del escándalo y del apoyo fundamental del partido político con mayoría en el Senado: Morena.

Y en ese camino encontraremos respuestas: los hechos han demostrado que para la actual defensora de los Derechos Humanos, su misión ha sido la de la defensa de las acciones políticas de la 4T, dejando lejos su quehacer real.

A base de casualidades actúa la señora: después de que se reinició el debate sobre la iniciativa de Reforma Electoral del presidente López Obrador, que se analiza en las comisiones unidas de Gobernación, Puntos Constitucionales y Reforma Política, a través de un comunicado la CNDH da a conocer una recomendación al Instituto Nacional Electoral (INE) sobre hechos que ocurrieron entre 1951 y 1965, cuando todavía no existía el IFE y mucho menos el INE.

¿Peccata minuta?: no les falta razón a los actores políticos de la oposición. La mayoría pide la renuncia de la titular de la CNDH, por dejar de lado el mandato Constitucional en su artículo 102 que establece la creación del organismo de protección de los Derechos Humanos y precisa que no tendrá competencia en asuntos electorales.

El inicio del fin de un organismo condenado al oprobio: con las acciones de Rosario Piedra Ibarra, solo estamos atestiguando la decadencia de una institución que tiene la misión de defender los Derechos humanos y está ocupada en tratar de demoler la democracia en México que en gran parte se la debemos al Instituto Nacional Electoral (INE), que ha permitido que los mexicanos reconozcamos la transición en los últimos procesos electorales y muchas acciones de transparencia en el quehacer político.

La guerra sucia no debe generarse desde las instituciones, como lo que estamos viendo con la acción de la CNDH, que califica como órgano de sabotaje electoral al INE. Conclusión: la importancia del rechazo de integrantes del Consejo Consultivo de la CNDH al pronunciamiento de su presidenta contra el INE, deja en claro que la señora Piedra sobra en el organismo y que, si tuviera un poco de inteligencia y ética, debiera dar un paso de lado.

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