CONTRACORRIENTE: Las locuras de Taibo II


Por Jorge Petrikowski

Comenzaré por aclarar que el título de esta columna pudo ser “Las genialidades de Taibo II”, pero el mismo titular del Fondo de Cultura Económica ha hecho énfasis en más de una ocasión que implementará sus “locuras” en la editorial que hoy dirige, acaso una de las más exitosas, no sólo de México, sino del continente americano.
Su plan para fomentar la lectura ha levantado fuertes comentarios, unos en pro, otros tantos en contra, ¿bajar de precio los libros del FCE formará más lectores?, ¿es ese el verdadero problema de la lectura en un país donde sus habitantes leen un libro al año en promedio?
No, resultaría superficial pensar que el problema es cuestión de dinero, pues según la Encuesta Nacional de Hábitos, Prácticas y Consumo Culturales al menos el 45 por ciento de los encuestados van una vez al mes al cine, que resulta sustancialmente más caro que comprar un libro, aunque esto sólo toma los datos de las zonas urbanas.
El hábito de la lectura habrá de iniciarse tanto en casa como en las aulas, por lo que resulta loable que Paco Ignacio Taibo II reduzca los precios de un amplio catálogo de libros, pero acaso eso atraerá a lectores ya formados, no formará lectores, lo que sí puede causar es un problema en las finanzas de una paraestatal que se ha mantenido, hasta ahora, como una insignia del gobierno mexicano, pues las ganancias menguarán, aunque sea sólo un catálogo reducido el que se ofrece por 50 pesos desde hace unas semanas en las librerías del país y en línea.
Difícilmente se pondrá en tela de juicio que Taibo es un buen escritor, tampoco si tiene grandes ideas para la editorial, pero en este caso ha fallado con el diagnóstico del problema de la lectura en el país, tanto él como al gobierno entrante, que tendrá un reto monumental si en verdad desean llevar libros y cultura a los mexicanos; éste último, de inicio, deberá presentar un plan real de trabajo para fomentar la lectura.
La lectura debe de verse como placer, como búsqueda y descubrimiento, como una puerta que lleva a nuevas posibilidades, no como una obligación, ni como castigo, no hay que leer 20 minutos al día, no es penitencia, hay que incitar a los potenciales lectores a que se descubran en un libro, que lean lo que necesiten y les apetezca, no hacer que padezcan o sufran la lectura.
Lector que soy agradezco el plan del Fondo de Cultura con el que seguramente me haré de una buena cantidad de libros, sin embargo espero ver cambiar el rumbo de la editorial y que no esté sujeta a locuras, genialidades o ideas al aire, sino a un plan estructurado, estudiado y que lleve buen material a la población, pero siempre con salud en sus finanzas acompañando un robusto y plural catálogo, físico o digital, pues si lo que se busca es llevar cultura a todos, no sólo es el precio, sino también el medio.

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