LOZOYA, ¿TEATRO O JUSTICIA?


Por Jorge Petrikowski

Emilio Lozoya se ha vuelto el estandarte de la justicia en lo que va de la presente administración federal, su caso ha sido el más emblemático por presunto desfalcos durante su gestión dentro de Pemex, pero siempre existe la zozobra de si es en realidad un caso de justicia o sólo un chivo expiatorio para mostrarle a la ciudadanía que se está persiguiendo a los corruptos.
En el pasado se han dado casos similares, siendo Elba Esther Gordillo el más reciente; durante el pasado sexenio Gordillo se convirtió en el caso mediático de justicia por parte de la administración del entonces presidente Enrique Peña nieto, para salir de prisión casi al momento en que Andrés Manuel López Obrador llegó al poder.
El caso de la líder sindical es sólo uno de los que, aunque a todas luces se sepa que han cometido irregularidades y abusos de poder en sus puestos, queda sólo en una anécdota de un gobierno revanchista que al final de su gestión no hizo más por dejar en la cárcel a la persona, ese podría ser el caso de Lozoya.
El señalado es acusado de utilizar dinero de Pemex para su beneficio personal, además de la compra de una agroquímica que se compró a un evidente sobreprecio. Se sabe que durante sus viajes Lozoya, quien llegó de la mano de EPN, se hospedaba en los mejores hoteles y llevaba una vida llena de lujos a costa de su tarjeta empresarial de la paraestatal, pero ¿la persecución llegará a las últimas instancias o se quedará, nuevamente, en sólo una muestra de que el régimen en turno es el que manda?
Se dio a conocer que un juez dejó sin efecto la suspensión definitiva que había para que el ex titular de Pemex no fuera detenido, por lo que a partir de ese mismo momento puede ser aprehendido por las autoridades, que deberán cumplir y presentarlo para que responda por sus actos. No cabe duda que lo harán y se le enjuiciará, o al menos eso es lo que se deberá hacer para continuar con la credibilidad, pues de no llegar a las últimas instancias parecerá que se trató de teatro y no más.
Los cuestionamientos llegan después de la posible detención, si los cargos que se le imputen serán suficientes para que Lozoya pueda permanecer en la cárcel más allá del sexenio de López Obrador o, de nueva cuenta, con el cambio de administración saldrá y se buscará a un nuevo culpable de todos los males de México. En las manos de la justicia se encuentra la oportunidad de mostrar que este gobierno es diferente —aunque sea sólo en eso— y que este caso se trata de que los culpables paguen, no de hacer una novela que entretenga a la ciudadanía, mientras todo sigue igual.

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