LA INVERSIÓN Y LA CERTIDUMBRE


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Por Luis F. Lozano Olivares

Todos los países en vías de desarrollo, y hasta los desarrollados, compiten por la inversión de las empresas globales del mundo. Es la inversión de las empresas la que genera empleo, riqueza y movilidad social. Como ejemplo, en el sector automotriz, una inversión de una empresa global genera, en promedio, diez empleos indirectos por cada uno directo. Por eso todos los estados y provincias del mundo ofrecen facilidades e incentivos para que empresas globales se establezcan en su territorio. Para entender las escalas económicas de la importancia de las empresas globales, Walmart sería la décima economía del mundo después de Canadá.
Una economía del tamaño de la de México no puede crecer sin inversión privada. Los años en los que el Estado era rector y motor de la economía acabaron y no volverán a menos que nuestra economía se reduzca significativamente. Por ello es tan importante competir y ganar la inversión a otros mercados o países con circunstancias similares.
En esto, México ha sido muy exitoso en los últimos años. En realidad, nos ayuda mucho la geografía. Pero un instrumento clave para generar esas inversiones ha sido el Tratado de Libre Comercio, que dio certidumbre a muchas empresas para hacer sus inversiones y tener acceso al mercado más grande del mundo. El Tratado de Libre Comercio forzó, entre otras cosas, a que México mantuviera una macroeconomía sana y fuerte, que reiterara la certidumbre en ciertas condiciones para dichas inversiones. México sufrió tanto en economía durante los setenta y ochenta, que se dedicó a educar a más de una generación de economistas con estudios en las mejores universidades del mundo y con un prestigio global; para ejemplos, Ernesto Zedillo y Agustín Carstens.
Pero otra característica requerida para ser foco de inversiones es el Estado de derecho. Ahí debemos mucho, como en éste y otros espacios lo hemos reiterado. El tema de seguridad es una asignatura pendiente y sigue sin tener una estrategia integral. Como lo ha explicado Jorge Castañeda durante años, el número de efectivos de la Policía Federal y, ahora, de la Guardia Nacional, no da para tener cobertura territorial en el país. La Guardia Nacional no es la solución en tanto los estados y municipios no limpien, inviertan y capaciten a sus policías. Tampoco se ven esfuerzos para mejorar las aptitudes de las fiscalías locales para investigar y procesar delincuentes. Y mucho menos se ve una estrategia en el Poder Judicial o en legislaciones especiales para situaciones especiales, como se hizo en Colombia y en Sicilia.
Y es que debe entenderse que el problema es sistemático y no de voluntad. Cuando uno ve a pueblos enteros enfrentarse al Ejército para defender a huachicoleros (por ser fuente de ingresos de una localidad), uno entiende la verdadera dimensión del problema.
Ahora se ha provocado un nuevo problema de Estado de derecho. Durante décadas, el Estado mexicano había hecho asociaciones con la iniciativa privada para hacer obra pública. Estos proyectos son concesionados a entidades privadas, quienes se financian en el extranjero para realizar una obra, y ese financiamiento se otorga contra parte de los ingresos que la obra genera. Así, el concesionario paga la obra y obtiene un beneficio, el usuario se beneficia de infraestructura y el Estado no tiene que financiar obras de infraestructura y puede destinar sus fondos a otras cuestiones más importantes, como educación y salud.
Hasta ahora, el Estado mexicano no había cambiado unilateralmente términos de contratos relevantes con empresas extranjeras que tenían concesionadas obras o servicios y esto es muy grave. Los propios contratos con gobierno prevén esta situación en cláusulas de indemnización que se llaman Cambio de Ley o Actos de Gobierno. Asimismo, los tratados comerciales, como el TLC o USMCA, contienen en su articulado provisiones para acciones legales entre inversionista y Estado. Por lo anterior, meterse con este tipo de contratos no traerá nada bueno; solamente juicios, pagos de indemnización y costas legales, problemas diplomáticos y, lo peor, más incertidumbre para los inversionistas.

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